LOS pueblos que en esas épocas habitaban el Noreste de África, antes de la colonización árabe y desde unos 500 años antes de Cristo, fueron ocupando el Archipiélago y lo hicieron, según la mayoría de historiadores, en oleadas dispersas en el tiempo y dirigidas, según los determinantes de cada salto, a islas determinadas. Después de ese muy probable periodo dilatado, en presuntas colocaciones por terceros con poblamiento gradual, los guanches apenas sí tendrían contactos entre las islas o con los lugares de origen de su cultura. Es normal que la lengua que hablaban, sus creencias y raíces se vieran condicionadas por el aislamiento insular y produjeran endemismos y particularidades concretos. Igualmente, el punto del que habían partido, en el Este de África, se vio sometido a muy diferentes presiones y dominaciones de otras culturas y poblaciones.
Lo cierto es que cuando los europeos, sirviendo a la Corona de Castilla, llegaron a Canarias, los guanches hablaban una lengua líbica que era común a todas las islas y, con sus especificidades y particularismos concordantes con la pobre comunicación durante siglos, podía ser interpretada perfectamente por los habitantes de unos y otros territorios. De hecho, valiéndose de "capturados" en Titerogakaet (loma colorada) y Mahoh (mi país), establecieron intérpretes polivalentes, como los llamados Alfonso e Isabel, apresados en el primer asalto del año 1393. O los de Tamarán, utilizados en Benhaoare, Achinet o Tenerife, que, según muchos autores, es un topónimo de origen guanche. (Tingheriff, lugar del norte de África en el que se han encontrado restos de Homo Erectus)
En los abundantes textos de los escribanos, acompañantes a la conquista, se recogen expresiones y formas, en bastantes casos castellanizadas, que utilizaban los guanches. Estos, una vez reducidos en sus lógicas resistencias a la superior cultura militar que desembarcaba de allende los mares, tuvieron que plegarse como vasallos y, dada su dispersión en islas, en cuestión de, como máximo, una o dos generaciones a partir del siglo XV hasta el XVI, primera mitad del XVII -en Tenerife y otras islas se sabe de alzados que durante un tiempo vivieron en Ucanca y las montañas, refractariamente al nuevo poder que se implantaba- perdieron su cultura, divinidades y lengua. Durante el tiempo posterior a la conquista, aun como esclavos, peones y ayudantes sometidos, denominaron con sus formas lingüísticas (guirre, bubango, burgado, baifo, gofio, chajasco, guanil?) útiles, alimentos, animales, zonas y lugares, que quedaron marcados con la denominación que ellos les daban. A base de resistencia a la superioridad, mantuvieron denominaciones, rasgos de su cultura, costumbres y hasta formas de competición.
La sorpresa llega a principios del siglo XX, con los sesudos estudios del Dr. Dominik Josef Wölfel (1888-1963), que es uno de los grandes investigadores de las culturas del Norte de África y de las Islas Canarias. Su obra más significativa, "Monumenta Linguae Canariae", demuestra las similitudes profundas entre los numerosos restos documentales que se conservan del habla canaria precastellana y el actual tamahaq de los tuareg, siendo incontestable su rigurosidad y valencia, tal y como lo sería, para cualquier idioma de hace cinco siglos, con respecto al utilizado en vivo.
Como aficionado y descubriéndome ante la cantidad de estudiosos que han incidido e inciden en las raíces -mentar a Sabino Berthelot- que, se quieran o no, son evidentes y sabiendo que se han recuperado en el planeta bastantes formas de comunicación tan dispersas e inactivas que ha costado activarlas, unificarlas y homogeneizarlas, me parecería sensato y conveniente a nuestra identidad de mezcla, la idea de recuperar los mimbres y las mayores proporciones posibles, con un proyecto de familiarización con la lengua de los guanches.
Entre otras cosas, explicaría y sustanciaría un anclaje terrícola, y no las especies de entes extraterrestres en los que parecemos debatirnos. La idiosincrasia canaria mira más a Europa y América, pero eso no quita que Australia esté en Oceanía y participe, con sus formas europeas, en la responsabilidad que le corresponda dentro del continente. No se trata de buscar identidades que no tenemos, sino de encarar sin complejos un "pasado actual" que sí existe.
El tamahaq (suprimidos arabismos), es muy parecido a la lengua que hablaban los antiguos pobladores y es de derecho y sentido histórico añadirlo "también y sumando" al patrimonio cultural.
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