L.C., S/C de Tenerife
El padre Antonio Hernández es el presidente de la Fundación Proyecto Hombre en Canarias. No se cansa de advertir de los riesgos de las sustancias estupefacientes y del papel clave que representa la familia para salir de la adicción.
-El Proyecto Hombre lleva muchos años trabajando con los drogodependientes.
-Llevamos 17 años. Lo que comenzó con un equipo de cinco personas, hoy son unas 80. Ha habido una respuesta porque ha habido una demanda. Las sustancias están ahí. Tanto el cannabis, como la cocaína, como la heroína están presentes.
-Ahora los expertos hablan más de conductas adictivas que de sustancias.
-Ese fenómeno se está dando. Se detecta de una forma generalizada, de gente que viene a pedir ayuda. Es una realidad que hay personas enganchadas al móvil, al ordenador. No tenemos una demanda tal que exija por parte nuestra una respuesta específica. Los casos que se reciben se están atendiendo, porque al fin y al cabo es una dependencia por las consecuencias que tiene: esa pérdida de libertad y autonomía. Nuestra atención está orientada a las dependencias al cannabis, a la cocaína, sobre la que estamos llamando la atención de esa sustancia de mayor consumo, y luego de ese despertar de la heroína.
-¿Cuál es el perfil del drogodependiente?
-Los perfiles han cambiado. Antes daba la impresión de que eran unos colectivos marginales. Jóvenes con problemas familiares, personas que están en el paro, personas que no tienen más salidas... Hoy eso se ha generalizado. El consumo ni respeta edades ni respeta colectivos, ya sean personas insertadas en el mundo laboral y con su familia estructurada. Esta es una de las cosas sobre las que estamos llamando la atención. El consumo se ha abierto a una generalidad. Tanto en personas marginales como en personas que están estructuradas en la sociedad.
-Y, ¿cuáles son las causas?
-Uno de los motivos es que la sociedad en que vivimos tiene un nivel de exigencia muy grande. Ese estrés o ansiedad puede empujar a determinadas personas a acercarse al mundo de las sustancias. El excesivo trabajo. Como ocurre en el mundo del deporte. Viendo el nivel de sacrificio, de exigencia que se supone a los deportistas, no nos extrañe el que a veces ellos intenten suplir lo que físicamente no puedan hacer.
-¿Han adaptado la oferta a ese cambio en la demanda?
-Mantenemos el programa tradicional con la acogida, puesto que entendemos que hay una etapa en la que el toxicómano tiene que valorar si realmente quiere salir. Hay veces que están presionados por temas de penalización o por la propia familia. Siempre es bueno que el toxicodependiente tome un espacio donde reflexione, donde tome conciencia y sobre todo que se dé cuenta de que es posible dejar el mundo de las sustancias. Para esta primera fase que normalmente se hacía en régimen ambulatorio, dada la circunstancia de que la familia quiere menos implicarse porque está muy agobiada, hemos dado una respuesta nueva: pueden ingresar en un centro internado. En la acogida, que antes era siempre con acompañamiento de la familia, hemos tenido que dar este salto a que los jóvenes puedan ingresar en la comunidad terapéutica. No renunciamos nunca a la importancia que la familia tiene en el proceso terapéutico. Lo que hacemos es, una vez que estén internados, comenzar con la familia. Después continúan en esa comunidad, pero con un nivel superior, para que ellos asuman las consecuencias y la causas sobre el porqué del consumo y, por último, que ellos puedan insertarse en la sociedad. Teniendo conciencia de que la sociedad no ha cambiado, que las drogas están en la sociedad y que las causas siguen igual. Ellos entienden que su manera de ver las cosas ha cambiado totalmente. Cómo en la vida puede uno ser feliz sin tener que recurrir a las sustancias como un escape, como una forma de resolver conflictos personales.
-La prevención también es importante.
-Ahora mismo Proyecto Hombre en toda Canarias y España está apostando por la prevención. Si nuestro trabajo, hasta hace unos años atrás, era de rehabilitación y de inserción social, ahora está orientando en la prevención. Estamos trabajando en muchísimos institutos y nuestro objetivo es ir ampliándolo. "A tiempo", "Entre todos" y "Rompecabezas" son tres programas que tienen su metodología. Sobre todo trabajamos con los profesores y los padres.
-¿Cuál es el papel de la familia?
-La familia ha sufrido muchísimo con el consumo de sus hijos. La familia no está con esa disposición como anteriormente. Esa es la razón de que hayamos abierto estas comunidades terapéuticas, para que no sea una carga para los hogares. Pero seguimos considerando que la familia es clave.
-¿El consumo de cocaína está causando muchos problemas?
-Da la impresión de que a la cocaína no se le está dando la importancia que tiene y las consecuencias son bastante graves porque afectan a las personas. Son colectivos con una situación familiar más estable o que tienen el mundo laboral resuelto. Uno mismo se extraña de cómo es posible que teniendo una formación se caiga en ese tipo de consumos. Yo creo que afecta mucho ese estrés, el cansancio, la ansiedad, el sinsentido de la vida, querer tenerlo todo de una forma inmediata... El programa Garoé está orientado hacia este colectivo. Es en régimen ambulatorio y en horas de tarde noche, con el fin de que ellos no dejen de seguir trabajando.
-¿Cuál es la demanda de este programa de deshabituación de la cocaína?
-El número de demandas que nosotros tenemos quizá sea el superior de todos los programas. Tanto en Las Palmas como en Tenerife, podemos estar trabajando en torno a unas 80 ó 100 personas. Se lleva casi el 50 por ciento de la demanda. Tenemos el tradicional (acogida, la comunidad terapéutica y reinserción social) y el Programa Nova (de los adolescentes). En el fondo la respuesta que damos es un encuentro consigo mismo y que ellos tengan una capacidad de control. Toda persona que depende de algo es un esclavo y es víctima. Una vez que se deja la sustancia vuelve a ser dueño de sí mismo.
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