Economía y Laboral
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ANTONIO PEDRO TEJERA REYES

Volviendo sobre la profesionalidad en el turismo

14/ago/08 01:53
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LAS NOTICIAS que nos llegan sobre la importante crisis que afecta a las empresas del transporte aéreo, nos obligan a reflexionar sobre la importancia capital que la profesionalidad tiene en el sector del turismo.

Una vez más, se pondrá de manifiesto la constante de que las empresas van a prescindir del personal menos capacitado. Eso es inevitable, y por supuesto lógico.

Se hacen así válidas las afirmaciones -una y otra vez- de los empresarios del sector reclamando una mayor profesionalidad a sus funcionarios, algo que debe de comenzar precisamente desde arriba. Es decir desde la dirección o gerencia de las empresas.

Y es ahí donde hay que insistir a la hora de buscar soluciones a los problemas. Empresas de muy alta inversión, con los más lujosos índices de calidad en sus instalaciones, se estrellan ante la falta de profesionalidad de sus directivos, algunos ostentando puestos de trabajo de alta relevancia en empresas anteriores, llenando un currículo de rayitas por cada una de ellas, donde, precisamente, estos largos currículos deberían alertar a los futuros contratantes de estas mismas personas sobre la falta de profesionalidad de unos individuos cuyos logros están muy en entredicho, precisamente por ese continuo cambio de empresas que se reseña.

La profesionalidad es algo muy serio. En el mundo del turismo diríamos que es fundamental. Algo sin lo cual los puestos de trabajo cobran la identidad de lo efímero.

Ningún empresario consciente prescindirá de un elemento valioso en sus plantillas de trabajo. Y si la crisis -como en este caso amenaza a las empresas del transporte aéreo- aparece, serán los que no gocen del gran recurso de su profesionalidad los primeros que se irán a la calle. Así de sencillo.

Ocurre entonces que, como en todo, parece que "hay que verle las orejas al lobo" para percatarnos de la necesidad de seguir programas y estudios que nos lleven a una formación continua que nos coloque primeros a la hora de demostrar nuestra profesionalidad.

Produce singular satisfacción observar cómo hay empresas hoteleras en el mundo que convierten la formación del personal en su principal objetivo. Desgraciadamente, son muy pocas para el nivel de expansión que el turismo ha tomado, no en vano los llamados ahora "destinos maduros" han despreciado todo este entramado de la formación o, lo que es peor, lo han dejado en manos de improvisados elementos que sólo conocen lo poco que han asimilado, seguramente en lugares que no eran los apropiados para darles la formación adecuada para ser más tarde los propios formadores. Esta sí es una constante que se ha expandido por todo el mundo del turismo, y que en latitudes que conocemos está creando problemas, lamentablemente, irreversibles. Esa es la cuestión, de la cual nadie quiere hacerse responsable, mirando distraídamente hacia otro lado, o confundiéndonos con programas ilusorios que no tienen la profundidad suficiente en su calado para que sean efectivos, simplemente porque están diseñados y ejecutados por auténticos ignorantes.

Siguiendo con estas reflexiones, nos encontramos ante una verdadera crisis mundial de la que nada puede evadirse. Muchos empleados de las más prestigiosas compañías, van a tener que reciclarse para trabajar "en lo que sea". Ahí, en ese escenario en donde aparecerá la profesionalidad como base sustentable de un puesto de trabajo, los mejores los tienen asegurados. Los otros, los que no se han preocupado para nada de seguir el mejoramiento continuo, serán los sacrificados.

Por ahí tenemos las declaraciones, hace bien poco, de Sebastián Escarrer, vicepresidente de la empresa hotelera Sol-Meliá, o las más recientes de Bill Marriot -presidente de la Marriot, 650.000 camas de lujo por todo el mundo- cuando dicen que el mejor cliente del hotel es el empleado y sus dotes de profesionalidad "Cuiden a sus empleados y ellos cuidarán a sus clientes", ha dicho. Esta frase parece más que ilustrativa.

En todo el mundo laboral la profesionalidad es lo que se paga, pero en el mundo del turismo más todavía, pues esta cualidad está íntimamente relacionada con el éxito de las empresas, ya que de su desarrollo y aplicación depende directamente la rentabilidad de las mismas.

Estamos nuevamente sobre la necesidad de una insistencia ordenada de profesionalizar al máximo a los funcionarios que actúan en las áreas turísticas. Nada mejor, entonces, que referirnos a las recomendaciones de la experta argentina Gabriela Mirtuono, exitosa mujer creadora y gerente de una de las posadas rurales más importantes del país, la Estancia La Paz, en un hermoso paraje muy cercano a Buenos Aires. "Conservar nuestros más valiosos recurso humanos pasará a ser un activo para la vida de la empresa. Los huéspedes que repiten se sentirán felices de encontrarse con las mismas personas que les atendieron bien anteriormente".

Tomar conciencia de la situación actual sobre la falta de profesionalidad en el sector turístico -en todos sus entes, políticos, empresariales y sociales- estudiarla e intentar resolverla es una necesidad más que urgente en algunos destinos deteriorados, precisamente por esta carencia. Lo peor es que, seguramente, si Dios no lo remedia, se seguirá por el mismo camino.

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