CON LA INTENCIÓN de Candelaria de unirse también al área metropolitana formada por Santa Cruz y La Laguna, ya no son cuatro sino seis los municipios que formarían la gran metrópolis tinerfeña, si consideramos que se habla igualmente de Tacoronte como integrante de esta magna capital. De esa manera, los vecinos de la punta Este de Tenerife se beneficiarían de una gestión unificada de los servicios, sin que ninguna de las seis localidades perdiese su identidad. Como decíamos en nuestro comentario de ayer, es absurdo oponerse a una fusión que presenta algunos inconvenientes, no lo negamos, aunque también le aportaría enormes beneficios a la Isla.
A la vista de esta imperiosa realidad de unificación, los políticos deberían reunirse y adoptar una decisión de hoy para mañana. No nos sobra el tiempo para perderlo en reuniones estériles. Nos repugnan los términos comisión, consejos de sabios y otros por el estilo, porque sólo sirven para que cobren dietas -naturalmente, a costa del pueblo- quienes participan en ellos. ¿Ha salido alguna vez una solución práctica de alguna de estas comisiones? Ninguna.
Lo que no haremos es exigir que los políticos adopten una decisión sobre este asunto. Últimamente se ha puesto de moda la palabra exigir. Piensan los políticos mentecatos que exigiendo cumplen con su misión. Estúpido error. Exigir y pedir a diestro y siniestro es la coraza de los que no tienen inteligencia. Lo que hace falta es colaborar más. Y es eso lo que le aconsejamos a nuestros mandatarios. Que colaboren, que limen asperezas donde las haya y que lleguen a un acuerdo en algo de suma importancia para Tenerife, mal que le pese a los envidiosos amarillos, como es tener unido administrativamente un área metropolitana que ya es, de hecho, una continuidad urbanística.
En aras de esa colaboración entre políticos, mencionamos lo que siempre se ha llamado "la leal oposición". Una forma de hacer política que se ha perdido en España, y que padecemos en Canarias por la insultante razón de que seguimos siendo una colonia. Canarios, no nos engañemos: no estamos en Europa sino en África. Nuestra cultura es europea, pero no formamos parte de Europa porque estamos a 1.500 kilómetros de sus costas. Por esa razón, más temprano que tarde España le cederá la cosoberanía de Canarias a Marruecos, con lo cual seremos medio españoles y medio marroquíes. Nuestra aspiración es ser únicamente canarios, como nos corresponde. ¿Por qué nos espanta ser un país libre, con todas las ventajas que nos aportaría esa condición? ¿Por qué hemos de ser españoles bastardos?
Como nación soberana, reivindicaríamos la memoria de nuestros antepasados guanches; ese pueblo noble que sufrió un genocidio durante la conquista. Además, conjuraríamos el peligro de las apetencias marroquíes y, en tercer lugar, desarrollaríamos nuevas políticas para el Archipiélago, guiados por personas que no están podridas, como algunos de los políticos que tenemos en la actualidad. ¿A qué esperamos?
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