HACEN mal algunos constructores de Las Palmas al rechazar la oferta del Gobierno de Canarias para comprar algunos pisos -alrededor de 1.000-, en estos momentos difíciles de colocar en el mercado inmobiliario. El Ejecutivo autonómico quiere comprárselos, previa recalificación como viviendas de protección oficial, para alquilárselos a familias con pocos recursos. Una opción que los empresarios agradecen, aunque prefieren esperar la llegada de tiempos mejores. Piensan que existen muchos compradores potenciales para esos inmuebles, aunque ahora no dan el paso de adquirirlas debido a que los bancos no están concediendo créditos.
Tanta simpleza en el análisis asusta. En primer lugar, lo bancos siguen concediendo créditos, si bien no con la misma irresponsable alegría de hace tan sólo un año. Los bancos viven de vender dinero. Lo que quieren, como cualquier comerciante de la almoneda, es cobrar la mercancía. Por otra parte, a un porcentaje no mayoritario pero sí considerable de la población la crisis le va a afectar poco o muy poco. Hablo de funcionarios con empleo fijo y subidas pactadas que permiten, más o menos, capear los embates del incremento del IPC, y también de empleados con cierta antigüedad en empresas consolidadas que, como mucho, prescindirán de una parte de su plantilla, pero no de toda. Estas personas mantendrán casi intacta su capacidad de gasto.
En el caso de los pisos, lo único que ha cambiado para este segmento de la población es que ahora los tipos de interés de las hipotecas están más altos. Un factor que resulta demoledor para familias con ingresos ajustados, y más aún si se enfrentan al desempleo de algunos de sus miembros, pero más llevadero para quienes buscan en el mercado inmobiliario una inversión especulativa en la que colocar sus excedentes. En definitiva, quien no tiene razones para comprar ahora, es difícil que las tenga dentro de unos meses. Algo se reactivará el mercado cuando pase el miedo actual, pero no lo suficiente para absorber el millón de viviendas que están ahora mismo a la venta en España. Y eso según cálculos moderados, porque hay quien señala la cifra de 1.400.000 como la más ajustada a la realidad.
Siento respeto por cualquier tipo de empresario y, de forma especial, por cualquier constructor. Hay muchos lo suficientemente preparados para ganar dinero cuando las cosas vienen bien y, a la vez, sobrevivir cuando las circunstancias se tornan perversas. Pero la paja siempre es más abundante que el grano. Entre los buenos empresarios también han florecido un montón de chafalmejas. Oportunistas venidos a más que han ganado dinero porque todo el mundo lo estaba ganando, y no debido a ningún tipo de excelencia personal.
En cualquier caso, les convendría a unos y otros tentarse la ropa antes de decidir tan alegremente sobre las casas que quiere comprarles Paulino, no sea que les ocurra, a la inversa, lo que le pasó en Egipto a un par de turistas anglocretinos. Al bajarse de la guagua para visitar las pirámides, un árabe ambulante les ofreció sendos sombreros de paja al precio de un dólar cada uno. Los rechazaron con la estúpida flema británica. Minutos después, ya camino de las pirámides bajo el inclemente sol del desierto, decidieron comprar los sombreros por el precio inicial. "Sorry sir, now it is two dolars just a hat", les chapurreó el moruno. Tome nota, "esté".
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