1.- Han abierto de nuevo el hotel Plaza de Nueva York. El establecimiento, de mucho lujo, comparte edificio con un grupo de espléndidos condominios. Los camareros llevan levita y han ampliado los cuartos de baño. El hotel es confortable y elegante, a la altura del viejo Plaza de siempre. El edificio hace años que cumplió un siglo. Nueva York no conoce la crisis y sigue siendo la gran ciudad talismán. Le faltaba el Plaza, así que ya lo tiene. El bar de la entrada es sencillamente genial. Sin serlo, tiene un toque de colores a los Philippe Stark . Han colocado en el hall de entrada un candelabro enorme de Bacarrat adquirido por el zar Nicolás II en sus tiempos más gloriosos. Lo disfrutó poco. El hotel mantiene un servicio excepcional, aunque le falte aún el branch de los domingos.
2.- Nueva York no vive el tedio del verano. La Policía hace una exhibición de fuerza delante del hotel, allí donde se alza el monumento al general Sherman . Docenas de coches policiales recorren la ciudad. Como diciendo sus ocupantes: "Estamos aquí". Los outless hacen su agosto, con su ropa casi regalada, fuera de la ciudad. Hay uno en el condado de Orange, en Nueva Jersey, sencillamente genial. Cuidado con la velocidad: los hombres del sheriff acechan tras los matorrales y luego te apabullan con sus sirenas. Se han suavizado los controles de salida en el JFK. He notado diferencia desde mi última visita de hace unos meses a este agosto. Menos coñazo. NY es ahora una ciudad segura y Harlem, barrio que he visitado, un lugar apacible de edificios arreglados y negros pacíficos. Fue Dinkins , el alcalde negro, quien comenzó la restauración de las casas quemadas, cuyos buenos resultados se ven ahora.
3.- Nueva York tiene pulso. Los teatros están llenos. Broadway contamina de luz a los turistas. Los italianos lo celebran todo en Little Italy; van a fiesta de santo diaria. Los taxis siguen oliendo mal, pero el sillón del pasajero tiene televisión interactiva y la carrera se pueden abonar con tarjeta de crédito. Al Plaza le falta todavía su bar por antonomasia, el Oyster. Todo llegará. Esta vez recorrí a pie el puente de Brooklyn. Se trataba de una promesa, que cumplí. No fui atropellado por una bicicleta. El puente no se arregla desde los tiempos de alcalde Robert Wagner , allá por los 50. Necesita una manita. Todo lo demás sigue igual, en su sitio. Incluso la estatua de la Libertad.
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