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TROMPULGA Y CHICHAPIÉ JOSÉ A. INFANTE BURGOS

Taxistas y chapistas

14/ago/08 01:53
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LA CRISIS o "desaceleración acelerada" de la terminología "zapaterista" está afectando a grupos determinados de nuestro tejido competitivo en los que nunca se había cebado tanto un ciclo a la baja como el que vivimos en el presente. Los más antiguos del lugar le confesarán que no recuerdan un periodo tan recesivo o parecido al actual. "¡Nunca he visto las cosas tan mal!", me confesaba D. Ricardo. O D. Juan. D Joaquín, o D. Pedro. Incluso D. Alejandro

Hago un apaño de atención a lo que debería ser un homenaje narrativo para estos dos colectivos profesionales a los que pongo como ejemplo del terrible daño particular que el enflaquecimiento general de los bolsillos y la especulación sobre el petróleo produce a diestro y siniestro. Conste que el manguerazo es de refresco y podría valer para cualquier otro profesional o actividad. Es igual.

Los taxistas de nuestras islas, sacrificados como los que más, viven su particular purgatorio con una problemática amplia y compleja de circunstancias adversas. Muchas y muy variadas son las razones que han convertido su circular diario por nuestras calles en un tormento (para llegar a fin de mes), pero la brutal subida de los carburantes y la drástica bajada de la capacidad de consumo pasan por ser los principales causantes del declive y los culpables confesados del mayor porcentaje de sus penas y lágrimas. Cierto es que hay demasiadas licencias. Cierto es que hay una escasa integración con otros servicios públicos de transporte. Cierto es que la implantación del tranvía y el ordenamiento callejero son mejorables. Ciertas son muchas cosas, por supuesto, pero antes, cuando sacabas al perrito, andaba solo y ahora necesita estar todo el día en la calle. Menuda esclavitud para sacar lo suficiente para amortizar el vehículo y las cuatro perras que se lleva uno pa'casa. Nadie se puede explicar, ni economista ni nada, que la gasolina y el gasoil suban a esa velocidad, cuando se incrementa el precio del petróleo y que se estanquen, de esa manera y arriba, cuando baja. Eso no se lo explica nadie. Conste que los tiempos corren a favor del taxista y que la gente, cada vez más, busca su absoluta comodidad. Los taxis, cuando una manilla de plátanos o medio melón embolsados cuestan 2,50 euros, no son nada caros y siempre, hasta en las ciudades más comunicadas del planeta, representan el vínculo personalizado más directo y rápido entre el punto "A" y "B". Tienen futuro.

Los chapistas, los talleres, los mecánicos... son otras profesiones que no deberían notar demasiado la famosa crisis. ¿Por qué?, si hay más coches que nunca. Pues agüita. No, ni poco. Pregunten la razón de que haya menos leñazos, golpes y toquitos. Es un misterio y debe de ser la base del iceberg de los éxitos de las Campañas de Tráfico. O somos mejores conductores o escabullimos el bulto. Lo que está claro es que, en estos servicios profesionales, el factor "calidad" impone su implacable ley y ya el apañado que le cobraba "como amigo" y hacía sus chapucillas de manitas en aquel bajo de su casa pasó a la historia. Ahora, los talleres entran en responsabilidades directas y subsidiarias si atienden su vehículo y necesitan maquinarias específicas y titulaciones contrastadas para desarrollar razonablemente su trabajo. Ya la cosa ha cambiado. Le colocan las piezas sustituidas y deben mostrar las facturas de las reparadas. Sus obligaciones de seguros y seguridad, de empleados y fiscalidad, les obligan a cobrarle en función de la subida de los limones y, sinceramente, manda cojones.

Con este viento económico tan malo, soplando en plan bestia, las grandes empresas, los grandes bancos, las multinacionales, los trust, los holding... se juegan ganar más o menos dinero, obtener más o menos rentabilidades, producir punto más o punto menos de crecimiento. Nosotros, simplemente, nos jugamos poder sacar adelante a nuestros queridos hijos y a nuestras queridas hipotecas, en casos, con la agonía de la desesperación.

En Canarias hay muy poquita "Gran" empresa radicada. Yo diría que casi nada o nada. En este sentido, todo se lo chupan los foráneos que viven fuera y, en consecuencia, lo que nos interesa es exigir a los grandes y ponerles trabas, impedimentos y que se mojen el culo con Canarias. Por supuesto, dentro de la legalidad y el margen de maniobra del capitalismo. La manera más segura de salir adelante es desde abajo hacia arriba y no desde arriba hacia abajo. Por lo menos en esta tierra, apoyar (a presente y a futuro) a la pyme y al currante.

A los chapistas y a los taxistas, entre otros.

infburg@yahoo.es

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