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DR. JUAN ANTONIO SAAVEDRA DE LA TORRE

Un caprichoso atropello de trágicas consecuencias para la sanidad tinerfeña

14/ago/08 01:53
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LA CONSEJERÍA de Sanidad del Gobierno de Canarias está a punto de consumar un nuevo atropello de consecuencias trágicas en la calidad asistencial de los tinerfeños ante el cual nuestra sociedad no puede permanecer impasible. El traslado al hospital Dr. Negrín de Las Palmas del acelerador de partículas "Ciclotrón", previsto inicialmente en el Hospital de La Candelaria, supone un golpe mortal para el pleno desarrollo del Servicio de Medicina Nuclear que nuestra Isla merece y necesita. Más allá de las ridículas excusas de algunos políticos, la opinión pública tinerfeña debe conocer la gravedad de esta decisión.

Como médico y ex jefe de Servicio del Hospital Universitario de La Candelaria, llevo mucho tiempo preguntándome si no es una inmoralidad que nuestro centro lleve más de tres décadas en interminables obras de remodelación. Hoy me pregunto también si debemos consentir que, además, nos arrebaten un equipamiento imprescindible en el diagnóstico precoz del cáncer y otras patologías.

El "Ciclotrón" es una tecnología vital para el funcionamiento del tomógrafo por emisión de positrones (PET) que ya está operativo en La Candelaria, pues produce los isótopos radiactivos necesarios para la realización de las pruebas. Aunque la técnica sea muy sofisticada, sus principios son muy sencillos y fáciles de entender: inyectado en el paciente el isótopo, éste se une en el torrente sanguíneo a la glucosa circulante, elemento de gran apetencia por el cáncer desde sus estadios más precoces. Absorbido el marcador (isótopo+glucosa) por las células cancerígenas, el PET nos proporciona una imagen muy precisa de su localización, antes incluso de que exista lesión detectable por destrucción o invasión de tejido. Comprenderán, por tanto, su trascendencia en el diagnóstico anticipado de patologías que pueden resultar mortales.

El problema es que la vida del isótopo producido es muy reducida, no más de dos horas el más usado (fluor-dexosi-glucosa), lo cual hace necesario que el "Ciclotrón" se instale junto al PET, para que el rendimiento de ambos equipos sea realmente satisfactorio. Hasta el día de hoy La Candelaria es el único centro donde funciona el PET (más de cien tomografías en lo que va de año), con la limitación que supone transportar el isótopo desde Madrid, lo que obliga a traer mucha más cantidad de la necesaria, dada su corta vida, y reduce su empleo a dos o tres pacientes de cada vez.

Resulta inexplicable, por tanto, el empeño de nuestras autoridades sanitarias en llevarse a Las Palmas el "Ciclotrón" previsto para Tenerife, cuando allí ni siquiera funciona todavía el PET. Alega la Consejería de Sanidad que el hospital grancanario ofrece mejores condiciones, pero eso es rotundamente falso, pues La Candelaria tiene una ubicación inmejorable en sus sótanos con más de 500 m2 disponibles.

También afirman que posteriormente se instalará otro aquí, algo muy complicado de creer. Si finalmente se instala en Las Palmas, difícilmente se duplicará después la inversión, y mucho menos en los tiempos de crisis que corren. Es más, si de verdad prevén la adquisición de un segundo equipo, ¿por qué el primero no se instala aquí, como estaba previsto, donde ya funciona el PET y donde su optimización sería más rápida y eficaz?

El resultado de este nuevo y caprichoso atropello ya lo pueden imaginar. Nuestra Isla se queda sin una tecnología imprescindible, no sólo para el diagnóstico preciso y precoz del cáncer, sino también para el estudio de otras muchas patologías, pues tiene la peculiaridad de señalar en los tejidos procesos no morfológicos, sino metabólicos, proporcionando también un inmenso abanico de posibilidades en el campo de la investigación de la cardiología, neurología y psicobiología.

De consumarse esta torpe y absurda decisión, se dejaría huérfano el Servicio de Medicina Nuclear de La Candelaria, un magnífico espacio de trabajo que cuenta con los mejores médicos y científicos y un estupendo personal auxiliar. Al mismo tiempo, se limitaría el acceso a la docencia de los futuros médicos, físicos, biólogos y demás científicos que hoy se forman en las facultades de nuestra Universidad lagunera.

No sé si mis palabras conseguirán detener esta irresponsable equivocación, pero siento la obligación de exigir un poco más de respeto por nuestra gente y por nuestro hospital, el mayor de Canarias en número de camas, del que depende la salud y el bienestar de los chicharreros y de la mayor parte de los ciudadanos de nuestra provincia.

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