J.D.M., S/C de Tenerife
"La playa está mal", "la playa está sucia", "la playa está muerta"... Son frases que se pueden escuchar con frecuencia entre los usuarios de Las Teresitas, la que debería ser primera y más importante playa pública de la ciudad de Santa Cruz, pero de un tiempo a esta parte objeto de las críticas de los que de manera habitual acuden a disfrutar de su arena y sus instalaciones y que pueden llegar a las 10.000 personas en un mes de verano como este agosto.
Las quejas comienzan ya desde los accesos que, con tanta obra en el entorno, se han hecho todavía más complicados, pero luego la lista es enorme y la realidad no se puede esconder. Por ejemplo, hacen falta más duchas, vestuarios y baños. En este último caso, Ángel Isidro Guimerá, a quien se puede ver con frecuencia en Las Teresitas, denunció en el pleno del pasado 1 de agosto que es "inadmisible que haya seis retretes" para esas 10.000 personas.
Uno de los principales problemas y, según se dijo también en ese pleno, causa prácticamente directa de la pérdida de la bandera azul, que no se concede a Las Teresitas desde el año 2004, son las aguas que salen de los chiringuitos y quioscos a consecuencia de lavar platos, vasos y vajilla usada para servir unas comidas que se pretenden ahora restringir.
Desde el ayuntamiento se asegura que las tareas de limpieza se desarrollan a diario y con profusión de operarios. Y que hay refuerzos en verano. Incluso, tras las últimas críticas plantean triplicar los recursos, pero la sensación es que no resulta suficiente.
La playa, para casi todos, está muy sucia. Tanto la arena, sobre todo en la orilla, donde casi a cada metro puede encontrarse de todo, desde bolsas de plástico a papeles pasando por pañales o piche, como también el entorno de los aparcamientos que, además de convertirse en auténtico vertedero, sobre todo los fines de semana, debe soportar el botellón, cada vez más extendido, o la demostración física de que aún se mantiene aquello tan popular de "a San Andrés, van dos y vienen tres". Dicen que los domingos por la mañana el panorama es desolador.
No hay respeto por el mobiliario urbano y las papeleras aparecen casi siempre rebosadas de residuos cuando no rotas. La playa no tiene luz eléctrica, con lo cual aumenta la sensación de inseguridad de noche. Hay un puesto de la Policía Local y otro de Cruz Roja, pero en el primer caso se solicita que la torre, llena de pintadas, sea ocupada por los agentes.
Una radiografía de Las Teresitas: enormes carencias en servicios y equipamientos y cierta sensación de abandono acrecentada por las obras paralizadas. Así y todo, la gente va y seguirá haciéndolo porque no hay muchas alternativas.
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