EFE, Pekín
Centrado en la trayectoria individual mientras asimila su nueva condición, inminente, de número uno del mundo y acopla a sus hábitos la situación encontrada en este nuevo destino, Rafael Nadal recicla el talante competitivo habitual para la modalidad de dobles, que marca su puesta en escena en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008.
El tenista balear, el más solicitado en Pekín, aplaza su puesta de largo individual a mañana. Entrará en acción en el último turno de la pista número uno. La segunda en relevancia del Centro Olímpico de Tenis. Una vez que el helvético Roger Federer haya desvelado su salto al escenario de los Juegos.
La condición de doblista devuelve a Nadal a parte de sus orígenes profesionales. Cuando intentaba hacerse un hueco entre la Armada. Cuando aún en edad júnior y a rebufo de la proyección que generaba Juan Carlos Ferrero o Carlos Moyá y en medio de los coletazos finales de Albert Costa o Alex Corretja pretendió acentuar su condición de tenista de parejas para adentrarse entre los selectos de la Copa Davis.
De esta forma logró su debut en el 2004, en Brno, ante la República Checa. Aunque su ímpetu le abrió paso para disputar el último individual que gestó su leyenda.
La dupla entre Nadal y Robredo nació en el 2003. Cuando el balear, con 17 años, avistó sus pasos iniciales con la raqueta. Tuvieron un paso efímero por el torneo de Basilea, cuna de Roger Federer, y perdieron con el croata Ivan Ljubicic y el italiano Filippo Volandri a las primeras de cambio.
La perspectiva de los Juegos de Pekín provocó el reencuentro entre el tenista balear y el catalán, que acumularon grandes experiencias aunque después distanciaron sus destinos.
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