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Cartas al Director

10/ago/08 01:47
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Ignacio Díaz de Tuesta y el TSJC

En relación con noticias aparecidas en algunos medios sobre la sentencia del TSJ de Canarias relativa al HUC, deseo manifestar que no tiene nada que ver con la elevada mortalidad del servicio de Cirugía Cardíaca y sus implicaciones. A fecha de hoy, la Fiscalía sigue investigando las repercusiones penales, el Colegio de Médicos está a la espera por las responsabilidades deontológicas y el Diputado del Común mantiene el caso abierto, aun cuando el HUC se niega a facilitar la información que lleva solicitando desde 2006. Las manifestaciones que dan el caso por cerrado son interesadas y carentes de rigor.

La sentencia carece de relevancia comparado con el trasfondo de lo sucedido en el Servicio, pero por alusiones deseo hacer algunas aclaraciones:

-La sentencia se refiere exclusivamente a las repercusiones económicas de prohibirme operar en "intervenciones de tarde" durante los años 2004 y 2005, una actividad que supone la mitad del salario de los cirujanos del HUC y que realizaba, como el resto de los miembros del Servicio, desde hacía 10 años hasta me fue prohibida, poco después de que empezara a cuestionar internamente los recursos del servicio.

-La excusa que se ha dado para la prohibición era una lesión cervical. Es cierto que padecí un problema cervical, pero fue en febrero de 2002, y, tras una baja de 3 semanas, me incorporé a la actividad normal.

-En octubre de 2004, coincidiendo con mis advertencias internas sobre los resultados, el jefe de Servicio (Dr. Martínez Sanz) me prohibió toda actividad, saltándose el reglamento, que exige que esta orden sólo la puede dar el gerente, bajo propuesta del director médico y con un informe favorable de la comisión técnica que garantice que no es una decisión arbitraria. Argumentó el citado jefe que las condiciones en las que llevaba operando desde hacía 2 años ya no eran válidas. Cuatro meses más tarde me permitieron volver a trabajar en las mismas condiciones que siempre, pero sin partes de tarde y sin la mitad del salario.

-La sentencia del TSJ está recurrida ante el Supremo.

-Más tarde, en junio de 2005, a la semana de enviar un escrito a la gerente advirtiendo de cifras extremas de mortalidad en el Servicio, se me prohibió indefinidamente todo tipo de intervenciones. Inspección de Trabajo y los Tribunales consideraron la medida no justificada y condenaron al HUC.

-En agosto de 2006, tras repetidos escritos al gerente solicitando una auditoría urgente e independiente al Servicio, fui despedido. El despido ha sido declarado improcedente y condena al HUC.

-No es cierto que estuviera enfrentado con "todos los trabajadores". No he tenido jamás problemas con ningún cardiólogo, intensivista, ni médico de Urgencias del HUC. Algunos de ellos son amigos íntimos. Tampoco he tenido jamás un conflicto con nadie en ninguno de los dos hospitales en los que trabajo actualmente. Mis problemas fueron exclusivamente con parte del personal del quirófano 14 de Cirugía Cardíaca, como detectó el inspetor de Trabajo. Las razones son evidentes.

Yo he cumplido con mi deber advirtiendo internamente de lo que estaba pasando, por mucho que pueda parecer "políticamente incorrecto". Lo he pagado con mi puesto de trabajo y con mi salud. Ahora está en manos de las administraciones depurar responsabilidades y tomar medidas para que algo así no vuelva a suceder nunca, como se hizo en el Reino Unido con el "escándalo Bristol". O podemos mantener la impunidad y continuar con la técnica del avestruz.

Dr. Ignacio Díaz de Tuesta Revilla

Las Olimpiadas de la vergüenza

Pena me dio cuando no nombraron a Madrid sede de las Olimpiadas para el 2012, pero rabia e impotencia me ha dado cuando nombraron a China para este año. ¿Qué criterios se siguen en unos Juegos Olímpicos? ¿el dinero?, ¿la seguridad?, ¿el bienestar de los deportistas y público? Esto último, por lo menos, no, porque tanto deportistas como público están asustadísimos. China es un país comunista dictatorial y ha dictado una serie de leyes y normas que han de cumplirse (seguro que cuando presentó su candidatura no las expuso), entre ellas el respeto al público. Escuchen: no pueden llevar ropas llamativas ni instrumentos a los encuentros ni armar escándalo ni hablar los deportistas de política o cosas ajenas al deporte ni emborracharse ni llevar banderas o escudos a los estadios. ¿Por qué no se retiran todos los países y que jueguen ellos solos? ¿Qué clase de mandatario sin escrúpulos en el COI permite semejante barbarie jamás vivida? ¿Cómo se atreven estos gobernantes chinos a los que se les ha brindado la ocasión de crecer moral y económicamente con estos juegos a hacer una dictadura inmoral sobre ciudadanos invitados a participar en unos juegos ejemplares donde cada uno tiene unas costumbres y ánimos distintos a la sequedad, brusquedad y maloliente disciplina suya? Quiero recordarles que la Alemania nazi de Hitler celebró unos juegos ejemplares en Berlín, en 1936, pese a la oposición judía de aquel entonces. Y, a pesar de su conocida xenofobia a los negros, éstos fueron admirados y bien tratados en Berlín durante esa época, así como al resto de deportistas porque, por encima de todo, estaba el nombre de una nación de cara al mundo. Ahora, en pleno siglo XXI, un país que ha sido designado para albergar hombres libres impone una xenofobia en los actos del deporte, coartando los derechos de libertad de cada participante y público. Y lo que es peor es que se lo consienten.

Yeray R.

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