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LA SEMANA RAMÓN PI

Flecos veraniegos

10/ago/08 01:47
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INICIADAS ya las vacaciones oficiales, esta semana política de agosto ha tenido como principales protagonistas la difícil digestión de la excarcelación de los terroristas de la ETA José Ignacio de Juana Chaos y Elena Beloki, la insistencia en la llegada de pateras y cayucos cargados de inmigrantes indocumentados y, naturalmente, la crisis económica, cuyos indicadores siguen revelando que es más profunda y se ha desencadenado más rápidamente de lo que casi todos preveían. Como se ve, se trata de lo que suelen llamarse los flecos de noticias ya conocidas, que se han mantenido vivos en los medios porque no ha habido hechos relevantes nuevos que los sustituyan, y porque los Juegos Olímpicos de Pekín no empezaron hasta el viernes por la tarde, con la semana ya vencida; a partir de ahora, la atención preferente estará sin duda centrada en este acontecimiento político-deportivo, que, por cierto, también ha tenido su lugar en los comentarios críticos -y bastante tardíos, cuando ya no hay remedio- de las tertulias radiofónicas, en las que se ha puesto de relieve la hipocresía occidental al aceptar sólo con protestas más bien rituales que el anfitrión sea un país dotado de uno de los regímenes políticos más despóticos del planeta.

El caso Beloki

La noticia se arrastraba desde junio, pero precisamente por la falta de otras informaciones más novedosas o urgentes parece que ha causado su impacto emocional justo ahora: la Audiencia Nacional resolvió excarcelar a Elena Beloki, procesada como dirigente de la banda ETA, porque ésta pidió ser sometida a un tratamiento de inseminación artificial, y un informe médico dijo que en tales circunstancias la paciente tiene que gozar de ciertas condiciones psicológicas, entre las cuales "no se encuentra" el estar entre rejas. La excarcelación se produjo el 1 de julio, pero es ahora cuando este hecho insólito y estupefaciente ha llegado a la sensibilidad del gran público, precisamente porque los medios le han dedicado más atención. Así es, según parece, la política: se es lo que se parece, y lo que no se publica con el suficiente relieve, no existe.

Realmente, no son pocos los aspectos desconcertantes de este episodio: en primer lugar, Beloki no está enferma de nada, y el querer ser sometida a una inseminación artificial no pasa de ser un deseo, todo lo vehemente que se quiera, pero sólo un deseo, como ver el mar o aprender a tocar el saxofón; pero además, Beloki será tratada en un hospital público, cuando la Sanidad pública rechaza realizar este tipo de intervenciones en mujeres mayores de 40 años, y Beloki tiene 47. Y más: contra un dictamen médico, otro dictamen médico, que ahora aparece, según el cual el estar en prisión es por completo irrelevante en el éxito o fracaso de una inseminación artificial. Y más todavía: ¿qué va a ocurrir si, como no es raro, el primer intento fracasa y hay que repetirlo pasado cierto tiempo?

El fiscal recurrió el auto de excarcelación, pero ha pasado ya más de un mes, y la situación sigue igual. Resulta incomprensible que pueda darse una cosa así, pero lo cierto es que se ha dado, y que no ha ocurrido nada; hasta este punto puede decirse sin hipérbole que el Estado de Derecho se está desmoronando a ojos vistas, y que proliferan cada vez más los episodios que, cuando menos, tienen una apariencia insoportable de arbitrariedad.

Cayucos y pateras

Como todos los últimos veranos, la llegada a las costas españolas de embarcaciones precarias atestadas de subsaharianos sin documentación se sigue reproduciendo, y causando un problema serio en las zonas más afectadas, que en este caso son las Canarias, donde no existe una infraestructura suficiente prevista para acoger a los que lleguen ilegalmente a nuestro país.

Es verdad que, aunque cargados a veces con hasta más de setenta personas, esos cayucos llegan en menor número, gracias al mayor celo de las autoridades en las zonas de origen de esos desventurados; pero no es menos cierto que continúan llegando, lo que pone de manifiesto que esta política es, por lo menos, un fracaso parcial. El Gobierno ya ha dicho que España no seguirá en algunos puntos las directrices comunitarias en materia de inmigración ilegal. Desde un punto de vista humanitario puede comprenderse esta actitud, desde luego; pero es inevitable preguntarse por qué España no trata de modificar esas directrices en el sentido que le parece correcto y, en cambio, reincide una y otra vez en ignorar las normas para actuar como tiene por conveniente. ¿Será que nuestros gobernantes carecen de sensibilidad hacia eso que los tratadistas llaman el imperio de la ley?

Pan y circo

Ya están en marcha los Juegos Olímpicos de Pekín. Algunos bienintencionados quieren creer que este acontecimiento que verán miles de millones de personas puede ser un instrumento de presión sobre el régimen chino, para que reconozca algunas libertades y derechos fundamentales que ahora vulnera a diario; pero las noticias que nos llegan dicen que está sucediendo justo lo contrario: precisamente porque los Juegos serán un espectáculo planetario, las autoridades chinas han acentuado la represión de las libertades, en especial las de información y expresión. Y lo más asombroso es que los atletas occidentales, entre ellos los españoles, han recibido indicaciones en el sentido de que es mejor que mantengan la boca cerrada para tener la fiesta en paz.

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ya ha anunciado que se desplazará uno de estos días a Pekín. ¿Quién dijo que no le gustaba viajar?

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