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JESÚS LÓPEZ MEDEL *

Sydney: una generación nueva de jóvenes

10/ago/08 01:47
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SEguí en su momento la Jornada Mundial de la Juventud. Lo hice por Popular TV, ya que, pese a ser de la misma "quinta" que la del Papa Benedicto XVI -la del 48-, se me hacía imposible físicamente incorporarme, subrepticiamente, a la peregrinación a Australia. Y digo esto porque los periodistas que le acompañaron en la ida del avión, según ha relatado Paloma Gómez Borrero, encontraron al Santo Padre con la seriedad habitual, tanto la propia del desplazamiento, como por las preocupaciones y meditaciones temáticas de carácter pastoral.

Sin embargo, tras su estancia previa de descanso en una residencia del Opus Dei, en la primera aparición en pantalla me pareció verle con un semblante, mirada y gestos diferentes. Se le veía contento. Y sonriente. Nosotros diríamos próximo a las expresiones de Juan Pablo II. Y así lo confirmamos hasta el final. No digamos cuando manifestó que la próxima Jornada Mundial de la Juventud tendrá lugar en Madrid en el año 2011. Fue la apoteosis. Independientemente de lo que sean impresiones mías, comparativas respecto a dos o tres momentos en que hemos gozado de su cercanía en Roma, creo que, además, todo aquello queda reflejado en la frescura de sus mensajes apostólicos y eclesiales. Se pudiera decir que, acaso por las razones geográficas y peculiares de Australia, y del predominio de jóvenes de continentes no europeos, no había expresamente "condenas" o amonestaciones concretas del signo "inquisitorial" de su anterior tarea en la Iglesia en defensa de la fe. Resumo en unas ideas los textos que los lectores, seguramente, ya conocerán.

Primera idea: un sentido directo de cercanía y de proximidad a los fieles: los aborígenes, los discapacitados, las víctimas de abusos sexuales, a las que una vez más pidió perdón, y desde luego a los jóvenes, en sus problemas, situándolos certeramente en su problemática singular en este tiempo y en todo el mundo. Con una llamada al encuentro personal con Cristo como esperanza.

Segunda idea: haber sabido describir, acaso auspiciados por la visión de un viaje en avión de más de veintidós horas, surcando mares, selvas, valles, puertos, latitudes, a plena luz del día, y descubrir la maravillosa obra de la Creación. Y a partir de ahí, reflejarla en lo humano de cada hombre, y en lo social, de la problemática secularizadora, de la lejanía o pérdida de Dios. Aquí sí que hubo alusión a las maravillas de un ser, en el seno de la madre, cuya destrucción erosiona la del orden universal de cada ser, credo por Dios. Todo ello con expresión catequética o una lozanía teológica.

La tercera idea: apelación directa, expresiva y convincente, al Espíritu Santo, como apoyatura connatural y también expresiva de la Trinidad. El Espíritu Santo da fuerza e ilumina todas las singularidades de los hombres en los aconteceres personales, sociales y públicos. Y permite o facilita la presencia del cristiano, para no encasillarse en su comodidad o en los prejuicios laicistas, sean individuales o estatales.

Y la cuarta idea es la llamada a la vocación personal de cada joven. Tanto para su futuro como para su autenticidad íntima. Siempre surge en estos encuentros. En esta ocasión, tanto por los sacrificios en el desplazamiento a Australia como por las "circunstancias", el Papa Benedicto XVI, con sonrisa, con gestos de cercanía, con su contemplación de horizontes, ha sabido impactar e impregnar en los jóvenes, con ayuda del Espíritu Santo, las bondades de una vocación trascendente. De aquí que nosotros nos hayamos permitido titular de esta forma este artículo: ciertamente, en Sydney puede nacer una generación nueva de jóvenes. Gracias, Santo Padre. Hasta pronto, Madrid (España), año 2011.

* Jurista. Académico.

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