EFE, Pekín
El torneo de baloncesto olímpico masculino de Pekín 2008 encumbrará al podio a un trío de selecciones de auténtico lujo, a las supervivientes de uno de los torneos más exigentes que se recuerdan, trufado de magníficos jugadores, de excelentes selecciones y de ambiciosas esperanzas de éxito.
Muchos son los equipos con razones para soñar con la gloria del Olimpo. Poderosas razones. Ante todo ellos se abre un interrogante que empezará a despejarse hoy, día del pistoletazo de la competición. La pregunta atañe al rendimiento del equipo de los Estados Unidos, de los profesionales de la NBA, que en las últimas citas no han olido el oro, un peso que en los Juegos es especialmente doloroso.
Los estadounidenses consideran el ámbito olímpico en un territorio propio. No es para menos porque acumulan doce oros. Sólo han cedido el primer escalón del podio en la famosa final de Múnich'72 ante la Unión Soviética que Serguei Belov decidió con una canasta en el último segundo, en Moscú'80 -no participaron por el boicot de su país-, en Seúl'88 y Atenas'04.
Yugoslavia, en la cita moscovita, Argentina, en Atenas, y la Unión Soviética, Múnich'72 y Seúl'88, son los tres únicos equipos que han logrado destronar a los estadounidenses, cuyas medallas de plata de los Juegos muniqueses están expuestas en el Museo Olímpico de Lausana porque reclamaron contra la canasta de Belov por considerarla fuera de tiempo y rechazaron la decisión de darla por válida.
Estados Unidos, que cada día acoge a más jugadores extranjeros en la NBA, entiende que si quiere recuperar el oro necesita a los mejores de los mejores, un concepto siempre opinable, pero que en esta ocasión ha prevalecido con mayor intensidad. Incluso el magnífico Kobe Bryant decidió enfundarse la camiseta de las barras y las estrellas para defender el honor perdido.
También Lebron James y Carmelo Anthony se apuntaron al carro; y Dwayne Wade, Chris Bosh, Jason Kidd, Chris Paul y Carlos Boozer. Quieren recuperar la medalla dorada.
Argentina, campeona olímpica; España, oro mundial; Grecia, subcampeona del mundo; Alemania, que sueña con tocar el cielo de la mano de Dirk Nowitzki, y Rusia, reina de Europa, son los principales aspirantes.
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