SI DON MIGUEL Zerolo Aguilar, alcalde de Santa Cruz de Tenerife y miembro del Parlamento regional, pensó con su artículo titulado "Menos negatividad", publicado en este periódico el pasado domingo, responder, en cierto modo, a mis escritos donde he hecho dura crítica negativa de las reformas de supuesto embellecimiento de la cara marítima y más noble de la ciudad, le agradezco el empeño de convencerme y la defensa que hace en lo que sinceramente cree, aunque esté equivocado. Yo también creo lo que dije. Si pudiera dejar las cosas tal como estaban y que las mejoras se hubieran reducido a la Alameda del Duque de Santa Elena, hubiese elogiado el proyecto y su realización, pero no puedo hacer lo mismo con lo que considero más bien destructivo de una bellísima estampa que sólo precisaba una mejora sencilla, sin cambiar la estructura y el bello aspecto del conjunto, por un equivocado y francamente negativo, que fue el resultado del "Concurso de malas ideas", que así lo he calificado siempre. Aprecio la reconstrucción del bello arco de la Alameda, que jamás debió ser salvajemente demolido, y, posiblemente, las mejoras que faltan por hacer en este recinto y la plaza de La Candelaria, donde todo no se ha hecho bien.
Dudo de la afirmación del señor alcalde sobre que la inmensa mayoría de los visitantes se sienten satisfechos con el resultado. El optimismo del señor alcalde le lleva a olvidar que en el pueblo hay pocas personas formadas para apreciar las cosas verdaderamente artísticas y lo que es el respeto, la reivindicación y la conservación del patrimonio histórico de Santa Cruz, que debe recordar los signos que son testigo de la gloriosa victoria sobre el almirante Horacio Nelson, jamás derrotado con su escuadra, que era la más poderosa del mundo, gesta que este año celebraron solemne y extraordinariamente el Ayuntamiento de Santa Cruz y el pueblo de Tenerife, por lo que felicito al señor alcalde.
Tampoco el entusiasmo dejó ver al señor alcalde la especie de falta de respeto y hasta gamberrada del "baño inaugural" de la chiquillería en el adefésico estanque, que no pega en el conjunto ni con "la gotita" y que crea al señor alcalde un problema de orden, porque la adefésica fuente no es para bañarse y tendrá que ser vigilada por la Polícia.
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