1.- Una de las personas mejores que yo he conocido en mi vida fue el cantante Manolo Mena. Un hombre con una sensibilidad especial, una máquina para hacer amigos, un caballero. Sus canciones, sus boleros, cautivaban al público. Tenía una forma hermosa de interpretarlos y llegaba siempre al corazón, que es el objetivo principal del bolero. En julio pasado se celebró el Segundo Memorial dedicado al cantante. A mí me da mucha tristeza hablar de Manolo, porque su silenciosa desaparición me afectó mucho. Su esposa, Luz Mari, me envía un DVD con la grabación del acto. Ya sabe Luz Mari lo que yo quería a Manolo y lo que sentí su marcha. Con él se fue uno de los mejores intérpretes canarios de todos los tiempos, pero queda su voz y habrá que tratar de editar sus mejores canciones. Yo me ofrezco voluntario para ayudar en lo que haga falta.
2.- Cada vez que hablaba con Manolo, le decía que tenía que grabar un disco distinto al último que hizo, en el que metió temas no demasiado conocidos que no acabaron de llegar. Pero, escuchándolo de nuevo, veo que quien tenía razón era él. Qué fuerza, qué bien interpretados, qué cadencia en la voz, qué melodía. Su amplia trayectoria musical mereció mejor suerte fuera de la isla, pero era tal su humildad y su honestidad que apenas pegaba metido en este mundo de la música, en el que las puñaladas están señaladas en los mapas. Manolo vivió y murió silenciosamente, como interpretando los murmullos de amor de sus canciones. Luz Mari firma su dedicatoria a mí con el nombre de los dos: "Con todo nuestro cariño, amistad y eterna gratitud. ¡Mil abrazos! Manolo Mena y Luz Mari". Muchas gracias, amiga.
3.- Las baladas, los boleros, quedan para siempre. Desaparece el cantante, pero sobreviven sus canciones. La magia y la técnica hacen que se puedan reeditar, mezclar, montar y desmontar con la sencillez y la complejidad -según se mire- de las computadoras. Estamos escuchando ahora reediciones de los temas de Nino Bravo , por ejemplo, como si se acabaran de grabar. Manolo merece un gran homenaje porque cumplió como el que más con el deber de un cantante: transmitir sentimientos. En esto fue un maestro y por eso se le debe recordar siempre. Y porque fue un hombre profundamente tinerfeño, que llevaba a Canarias en el corazón.
achaves@radioranilla.com
1.- He recibido una carta de cierta agencia benefactora. "Está usted en el RAI", me dice. Resulta que Telefónica se empeña en que yo le debo algo así como 600 euros y yo me empeño en que no es cierto. Le he intentado demostrar a Telefónica mi verdad, pero me estrello ante una máquina parlante que dice siempre lo mismo. Y, como consecuencia, estoy en la lista del RAI. Hete aquí que existen agencias, que florecen en épocas de crisis, que a cambio de módicas cantidades se ofrecen para sacarte del Registro de ceptaciones Impagadas. Llamo y la cuota es superior a lo que yo no le debo a Telefónica. ¿Qué hacer? Tiré por el camino de en medio: que le den por culo al RAI. Figurar en esa lista supone, hoy por hoy, un alto honor. Si ustedes la consultan verán la cantidad de personajes ilustres y empresas de personajes ilustres que se reflejan en ella.
2.- Una vez, como casi siempre ocurre con ese banco, pero hace ya muchos años, el Santander me presionó con vehemente insistencia para que pagara un crédito vencido. Era tanta la presión que escribí una carta al director general, amenazándolo con cambiar mis números rojos de banco. Aquello le debió hacer gracia al hombre porque me contestó, indicándome que para el banco era un placer darme facilidades para que cancelara mi deuda, como así ocurrió. En cierta ocasión, inspectores de Madrid que revisaban las cuentas de los acreedores del entonces Banco de Bilbao recriminaban a su director en La Laguna, don Paco del Castillo, la situación de cierto cliente moroso. "¿Y por qué este señor no paga, don Francisco?", preguntó el godo. Y el director canario respondió, rotundamente: "¿Por qué va a ser?: porque no tiene dinero". Toda una deliciosa obviedad.
3.- Yo me niego a hablar con máquinas parlantes, como las de Telefónica. No tengo defensa. La máquina siempre da la razón a su empresa. Por eso he aprendido a vivir con el RAI, lo mismo que me encantaría que un día me persiguiera el cobrador del frac. Lo invitaría a Los Limoneros, para que saciara su boca de pobre. Al fin y al cabo, esta es una vida de apariencias. Nadie podía imaginar que el chatarrero de Tres de Mayo pudiera amasar una inmensa fortuna y fuera por ahí en un coche de desguace. Está claro que en esto del dinero las cosas son muy controversiales. El que parece que tiene, no tiene; y el que parece que no tiene, tiene mucho. Una vez más, el mundo está mal repartido. Y de eso a mí no pueden culparme ustedes.
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