NOS MUEVEN la lógica y la razón. Ambas cualidades del alma humana son el motor que impulsan nuestros comentarios editoriales, de forma que seamos capaces de seguir sin desmayo hasta conseguir la soberanía para Canarias; algo que esperamos lograr, como muy tarde, en el año 2010, fecha fijada por el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas para que ningún territorio del planeta siga dependiendo de una odiosa metrópoli, pues toda situación colonial, incluida la que padece nuestro Archipiélago, es repugnante. En consecuencia, no debe extrañarse el lector porque una y otra vez incidamos sobre estos temas. La importancia que tiene el hecho de recuperar nuestro estatus de país libre justifica sobradamente toda reiteración, pues cualquier esfuerzo en este sentido está bien empleado.
En primer lugar, debemos incidir en que carece de sentido, se mire como se mire, nuestra sumisión a un país continental con un sistema de gobierno muy distinto al que necesitan las Islas; un espacio geográfico, no lo olvidemos, sin continuidad territorial. Queremos lo mejor para Canarias, pero también deseamos que España sea una nación próspera. Para ello es preciso que los políticos españoles no sigan engañando a su pueblo. Lamentablemente, no es esto lo que ocurre actualmente. La crisis económica, que el Gobierno de Zapatero no sabe gestionar, clava sus garras en el empleo y, consiguientemente, en el consumo. Las deudas ahogan a la inmensa mayoría de las familias, cuya capacidad de ahorro se ha volatilizado hace ya bastante tiempo. Ante este panorama nos preguntamos si tenía razón Manuel Pizarro cuando, en su debate con Pedro Solbes, anunciaba negros nubarrones en el horizonte de la economía española. Parece que la tempestad por fin se ha desatado con toda la crudeza que pronosticaban algunos.
No justificamos los golpes de estado manu militari. Por lo tanto, condenamos sin reservas lo que ha ocurrido en Mauritania. Sin embargo, dentro del ámbito meramente constitucional, y sin violentar ninguna ley, existen posibilidades de corregir situaciones viciadas. Nos preguntamos si no resultaría oportuno en estos momentos que un organismo supranacional, como es la UE, le dé un serio tirón de orejas al Gobierno de Zapatero para que no siga llevando a España a la ruina. Quizá sería conveniente instaurar un tribunal internacional contra el mal gobierno y la corrupción política, de la misma forma que ya existe un Tribunal Penal para juzgar los crímenes de guerra y de lesa humanidad.
No nos cabe duda de que una corte judicial de este tipo dictaría muchísimas condenas en Canarias, si bien debido a que nuestra ignominiosa situación colonial es un caldo de cultivo para las corruptelas. La Metrópoli nos obliga a chapotear en un fango podrido, del que no podremos liberarnos mientras no seamos un país soberano y dueño de nuestro destino. Nos queda por añadir que practicar la buena política no significa protestar por protestar, como hacen los falsos ecologistas -esos grandes enemigos de Tenerife- y los mandatarios de pacotilla; practicar la buena política es luchar, pacíficamente, por la libertad de este pueblo.
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