CUANDO desde el Servicio de Estudios Económicos de la Cámara de Comercio de Santa Cruz de Tenerife hacíamos previsiones sobre cuál iba a ser la evolución económica de Canarias en el año 2007, ya apuntábamos que, a pesar de que la actividad se mantendría robusta, durante el primer semestre íbamos a sufrir una importante desaceleración.
Nos preguntábamos, además, si la economía de las Islas podía continuar manteniendo el actual ritmo de crecimiento económico ante los evidentes riesgos que la amenazaban. Un sector industrial que no acababa de despegar, una construcción que inevitablemente se suavizaría y un sector servicios (comercio, turismo, restauración, etc.) muy dependiente del comportamiento de un consumo que empezaba a mostrar síntomas de debilidad. La subida de los tipos de interés y el aumento de los precios estaban adquiriendo tintes preocupantes en las familias canarias, altamente endeudadas.
Después de un año, la respuesta fue, sorprendentemente, que sí. Canarias con una variación interanual del PIB en términos reales del 3,8% creció en 2007 a un ritmo incluso superior al del año anterior. Sin embargo, la evolución de los principales indicadores macroeconómicos aflorados a finales del pasado año y, especialmente, los registrados a lo largo del presente ejercicio han confirmado, con cierto retraso, nuestras perspectivas. Hoy podemos afirmar que Canarias se encuentra inmersa en el tan anunciado cambio de ciclo económico.
Un nuevo escenario que está poniendo de manifiesto el debilitamiento profundo de la actividad económica del Archipiélago, convirtiendo en crudas realidades los riesgos que nos acechaban. La drástica caída en el ritmo de avance del sector de la construcción de las Islas es tan sólo la espuela de una crisis que no deja al margen a ninguno de los sectores.
El sector industrial está viendo incrementadas sus limitaciones al crecimiento no sólo por el encarecimiento continuo de las materias primas y el petróleo, sino también por los efectos negativos que está teniendo la ralentización de la construcción sobre algunas actividades.
Al mismo tiempo, la subida de los precios, el actual nivel de tipos de interés y el debilitamiento del empleo están retrayendo el consumo, principal baluarte del crecimiento económico de las Islas en los últimos años, afectando decididamente al ritmo de avance de los servicios. Habrá que esperar a ver si el turismo es capaz de compensar el deterioro de la demanda interna o si, por el contrario, la escasa rentabilidad del sector, sumada a la dificultad de mantener la estabilidad en el número de visitantes por la crisis económica que está afectando a muchos países emisores de turistas, incluidos los nacionales, empeoran aún más las previsiones de un tocado sector servicios.
Cruda realidad que nos asienta en un año de ajuste severo, envuelto en muchas incertidumbres que no han hecho más que empeorar la confianza entre el tejido empresarial y entre los hogares isleños. Sin embargo, lo interesante ahora no es hablar de la crisis, sino analizar qué hemos hecho para entrar en ella y qué podemos hacer para salir.
Es más inteligente no quedarse con la lectura negativa de una realidad difícil. Se le debe hacer frente con sensatez y con una actitud positiva que favorezca, en la medida de lo posible, un clima de confianza que elimine el "pánico" actual. La crisis económica en la que nos encontramos inmersos era previsible, inevitable y, atendiendo a algunos desequilibrios (niveles de endeudamiento, subidas de precios, etc.), hasta deseable.
Durante este año vamos a conocer las respuestas a preguntas que ya nos hacíamos el pasado. ¿Qué pasará cuando la debilidad de la demanda, inducida por una menor capacidad de gasto y un incremento del desempleo se hagan patentes en el retraimiento del consumo de los hogares?, ¿qué sucederá cuando el mal momento por el que pasa la construcción se haga sentir en la industria y en el sector servicios (personales, comercio, servicios a empresas, etc.), principal sostén del nuestro Producto Interior Bruto?
Muchas cuestiones para las que ya empezamos a tener algunas respuestas. Respuestas, cuyas soluciones nos posibilitan, a su vez, contestar a otras cuestiones de mayor calado como son: ¿ha sido nuestra economía suficientemente capaz de fortalecerse para salvar, de la mejor manera posible, las inclemencias de la tormenta externa que la está azotando?, ¿nuestro actual modelo de crecimiento está posibilitando una adaptación sin traumas a este nuevo escenario económico?, etc.
En definitiva, la actual situación nos permite reflexionar y valorar, ¿cuál es el nivel de preparación de nuestra economía y de los agentes que la conforman (políticos, empresarios, consumidores, etc.) para afrontar el conjunto de desafíos que se nos presentan?, ¿cuáles son los problemas reales que la inercia del crecimiento experimentado en los últimos años nos ha mantenido ocultos, pero siempre al acecho? Preguntas cuyas respuestas igual no nos gustan, que ponen en evidencia los problemas estructurales que oprimen a nuestra región y sobre los que es necesario y obligatorio intervenir de manera urgente.
Es verdad que Canarias ha avanzado mucho en los últimos años, pero no deja de ser menos cierto, y más peligroso, su retraso y sus carencias en muchísimos aspectos que, ahora sí, se van a hacer notar. En este tiempo será necesario analizar y detectar qué parte de la crisis que estamos sufriendo es asignable a factores externos (tipos de interés, precios del crudo y de las materias primas, etc.) y qué parte es imputable a las debilidades propias de nuestro modelo económico, para así poder ir adoptando, todos, las tan demandadas soluciones.
Lo que sí está claro es que no podemos quedarnos quietos a la espera de acontecimientos, debemos crecernos ante la adversidad y plantearnos este año y el periodo que ahora comienza como un verdadero reto, una oportunidad para mejorar. Es necesario trabajar para "templar" el ajuste y para ampliar nuestro potencial de crecimiento. Debemos evitar sortear la crisis sólo con medidas discrecionales de gasto o posponiendo las reformas que nos hagan ser más eficientes, eficaces, competitivos y productivos en un futuro. Estamos obligados a cambiar de actitud, a olvidar el victimismo que a veces nos ha caracterizado, a creer en nuestras posibilidades de desarrollo y a sumar desde los agentes públicos y privados para poder multiplicar.
Canarias pide a voces un cambio de modelo económico, sostenible y sostenido en el tiempo, que contemple reformas estructurales con las que eliminar los problemas, por todos conocidos, de nuestra economía: baja productividad y competitividad, escasa inversión en I+D+i, déficit comercial, reducido nivel de cualificación, deterioro progresivo de medio ambiente, dependencia excesiva del exterior, escasez de recursos no renovables, descenso paulatino de recursos procedentes de la UE, excesiva polarización del crecimiento en los sectores turístico y de la construcción, escasa potenciación de muchas actividades de servicios emergentes (servicios personales, servicios de TIC, servicios culturales y de ocio?.), entre otros.
"Quizás nuestro mayor problema, hasta ahora, ha sido el de no pensar en el largo plazo. No volvamos a cometer el mismo error (consumidores, empresarios y administración)".
* Directora del Servicio de Estudios Económicos
de la Cámara de Comercio, Industria y
Navegación de Santa Cruz de Tenerife
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