Hay veces en que el hábito nos hace incurrir en el error cuando definimos algunos conceptos, como el decir que esta isla, por su configuración orográfica, posee una serie de microclimas en función de sus diferentes cotas de altitud. Pues resulta que una bióloga me ha hecho rectificar, explicándome que "microclima es el que puede existir debajo de una piedra", pero no en una zona más amplia, como realmente queremos expresar, ya que en este caso se denominaría "mesoclima". Dicho queda, aunque presumo que seguiremos citándolo de forma equívoca.
Y hablando de esto, recuerdo una frase del meteorólogo Enrique Cañadas, que decía que en Santa Cruz "llovía por calles"; una definición aplicable también a la diversidad de temperaturas. Cuando escribo, miércoles, para que el lector se sitúe, a las 11:00 horas, el termómetro marcaba 23 grados en Guamasa; cinco minutos después, porque la distancia es muy corta, el mercurio databa 33 grados a la entrada a La Laguna por San Benito. No creo que en muchos lugares del mundo exista una variación tan notoria de diez grados en tan corto espacio físico; por ello podemos decir con relativo acierto que nuestro clima es único. De ahí que aboguemos por conservar y mejorar nuestras peculiaridades forestales, que son en gran medida factores determinantes para la moderación de los rigores del estío. Basta contemplar y comparar las altas temperaturas existentes en la Península para reafirmarnos en lo dicho. Mucha precaución, pues, en las zonas forestales y en las limítrofes, donde los huertos presentan un estado de abandono lamentable, contribuyendo con su reseca vegetación a alimentar el incendio por descuido o intencionado. Vigilancia y mano dura contra quienes contravienen estas normas y medidas de ayuda para la revitalización de nuestra agricultura de minifundios en las medianías.
He leído complacido que otros colaboradores de esta Casa inciden también en los mismos defectos y actitudes respecto a la remodelación de la plaza de España (llamada ahora "lago Herzog"); acerca de la ocultación de perspectivas y la destrucción casi absoluta de los signos definitorios de nuestro pasado. Lo de "descubrir" los cimientos del castillo de San Cristóbal no es más que un giro semántico, porque cualquier curioso con información sabía, aunque hubiera nacido después, que éstos seguían sepultados bajo las sucesivas reformas urbanas. En cuanto a educar a la ciudadanía en el disfrute de las recientes obras, es materia de rigor y paciencia.
En otro orden de cosas, se ha hablado a favor y en contra de los actos del 211 aniversario de la Gesta del 25 de julio, y se ha reprochado al Consistorio el gasto que han generado los mismos. Todos los comienzos suelen ser onerosos al tener que importar los medios, pero con el tiempo, si esta recreación histórica persiste, se irá arraigando en la tradición ciudadana en la medida que ésta vaya siendo más participativa. En consecuencia, el coste irá disminuyendo o manteniéndose al contar con gente de la propia cantera. Ahí están los ejemplos de participación popular en las libreas de Valle de Guerra o Tegueste; o los autos de los Reyes Magos de El Sauzal o Tejina. Tradiciones incluso centenarias, como esta última.
Las Teresitas, ¡ay, Las Teresitas!, quien te ha visto y quien te ve. Nada se ha hecho bien para que todo siga como está; es decir, hecho un asco. Y sin terminar de solucionar este enconado problema, ya se piensa en crear la también prometida y olvidada playa de Valleseco; justo ahora que los viejos muelles carboneros, declarados BIC, se están cayendo a trozos por falta de restauración. También me pregunto cómo es posible que se enterraran tantos millones en la creación de la dársena Sur, más lo que supuso el costoso dragado de la misma para que atracaran buques de calado medio, y ahora se olvida todo ello para planificar una playa de uso público. ¡Hombre, para ese viaje no se necesitaba tantas alforjas!
También, puestos a imaginar, me pregunto cómo se las van a arreglar nuestro cabildo y el ayuntamiento para converger la vía interior del puerto, ya existente, con la nueva soterrada de tráfico por la plaza de España y parte de la avenida de Anaga; amén de la nueva línea de tranvía hasta Las Teresitas. ¿No les parecen demasiadas obras paralelas en tan limitado espacio?
Dejamos Santa Cruz y vayamos a La Laguna, en donde se ha presentado un proyecto de la nueva estación de guaguas, pero con una utilidad máxima de 8 años hasta que se cree otra en Los Rodeos, que sea a la vez terminal de la línea del tranvía. Supongo que luego se reutilizará dicho espacio de forma consecuente, pero ¿no sería mejor dejar todo como está y utilizar ahora esos más de cuatro "meuros" en construir el mercado y reparar la plaza del Cristo? Un espacio al que, por causa de errores pasados, se olvidaron de darle la inclinación precisa para evitar el lago que se forma tras las lluvias. De momento, lo único plausible es la desaparición del llamado "Monumento a la Ferruja", que sustituyó el antiguo templete donde se veneraba al Hijo en sus fiestas mayores. Tampoco me imagino cómo van a repoblar de árboles dicho espacio, aparte de los márgenes, a falta de base por el hueco de los aparcamientos. Un técnico me explicó que para plantar un arbusto de tamaño medio se necesitaba inhabilitar cuatro plazas de aparcamiento, construyendo en ellas un enorme cubo de cemento colmado de tierra adecuada para su crecimiento. No digamos nada si intentan plantar especies de mayor corpulencia y longitud de raíces. Un problema que, imagino, no tendrán en la Villa de Candelaria con la pretendida remodelación de su plaza, donde los rigores del sol hacen mella en los miles de visitantes que acuden a visitar la Patrona de Canarias y buscan desesperadamente la sombra benefactora. Y es que cuando se remodela y se corta un árbol, nadie piensa en la cantidad de años que se necesitan para reponer su presencia. Errar es de humanos, pero no tanto ¡caramba!, porque siempre resulta más oneroso rectificar una obra mal diseñada a posteriori que realizarla bien en su momento. Y como siempre, nunca se encuentra al responsable.
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