HOY se habla mucho de los políticos. Nosotros mismos escribimos a diario sobre ellos. Esto los envalentona. Sin embargo, todos sabemos que la mayoría de los políticos son analfabetos y arribistas; oportunistas que no saben lo que es la cultura y la humanidad. No saben lo que es la convivencia y la ciudadanía, pero sí saben ser ruines; saben ser demagogos y estar todos los días en la oposición, aunque gobierne su propio partido. Creen que protestar y señalar defectos en la gestión de los demás es hacer política útil, cuando lo único que hacen es cacarear para justificar un sueldo. Al menos piensan ellos que lo justifican.
Los políticos competentes no abundan. Si los hubiera, ya habrían iniciado negociaciones con quien corresponde en Madrid, en Bruselas e incluso en Nueva York, en la sede de las Naciones Unidas, para acelerar el proceso conducente a que Canarias recupere su soberanía, como muy tarde, en el año 2010, fecha en que se cumple el plazo establecido por el Comité de Descolonización de los Pueblos para que ningún territorio en el mundo siga sometido a una metrópoli. Ese tipo de acciones haría buenos a los políticos que las ejercieran. No es el caso de quienes han obtenido votos en Canarias con la promesa de defender a esta tierra por encima de todo. Deberían seguir el ejemplo de lo que hicieron en su día los políticos de Las Palmas para robarle a Tenerife la capital única del Archipiélago. Utilizaron mañas con los gobernantes españoles para lograr, en 1927, que Canarias tuviera dos provincias en vez de una. En definitiva, los políticos de Las Palmas fueron eficaces a la hora de conseguir sus perversas aspiraciones. Supieron moverse para apoderarse de lo que le correspondía, y le corresponde, a Tenerife como la isla más grande del Archipiélago. Eso es lo que esperamos ahora de los políticos canarios de casta, y no de aquellos que se envanecen sólo por estar en un cargo al que han accedido, lo repetimos, engañando al pueblo con promesas que luego nunca han cumplido. Son unos mentecatos a los que repudia el pueblo.
¿Cuál es la solución a un panorama tan desolador? Lo repetimos: la cultura, el patriotismo y los tribunales de justicia para los casos de corrupción. No obstante, la medida más eficaz para erradicar esta podredumbre es modificar la legislación electoral e implantar el sistema de listas abiertas, de forma que toda la morralla y chatarra actual no siga amparándose bajo las siglas de los partidos. Con listas abiertas, se sabría los votos que tendría cada uno. Es decir, quedarían en evidencia decenas, centenares de políticos de pacotilla.
No podemos acabar este comentario sin citar el lamento de muchos políticos canarios ante el poco caso que les hacen en Madrid. El asunto de la gestión de los aeropuertos es evidente en sí mismo. En realidad, jamás nos tendrán en cuenta mientras no seamos una nación soberana, capaz de tomar por sí misma las decisiones oportunas. Mientras sigamos unidos a España nos irá de mal en peor.
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