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Cartas al Director

7/ago/08 01:36
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¿Podemos hablar ya de crisis?

Aunque según parece, en términos puramente económicos, no se puede hablar de que estemos padeciendo una crisis, sino una desaceleración económica, es muy difícil, por mucho empeño que pongamos, encontrar en este terreno algún dato positivo: el ascenso de las cifras de parados en abril fue el más alto para este mes desde 1996, con una subida de 37.542 personas -que se dice pronto- y no parece que en un futuro próximo esta situación vaya a mejorar; la subida de los carburantes, provocada por el vertiginoso precio del petróleo, que en mayo alcanzó su máximo histórico colocándose a 135 dólares el barril, está llevando a determinados sectores como el pesquero a situaciones extremas; el sector de la construcción, principal motor de la economía española durante los últimos años, está cesando en su crecimiento, mientras que el euribor no termina de encontrar su techo (ha crecido más del doble desde 2004), con el reflejo nefasto que tiene sobre las hipotecas. Las revisiones al alza de las mismas están suscitando entre los propietarios la amarga sensación de estár pagando más por un bien que vale, cada día, un poco menos.

A todo esto hay que unir que la inflación roza los niveles más altos desde 1995. El coste de la vida es ahora un 4,5% más caro que hace un año, con una subida de los precios que se nota sobre todo en los alimentos, incrementándose en abril un 6,8% con respecto al mismo mes del 2007; el pan, los cereales y la fruta subieron más de un 10%; la leche, el queso y los huevos un 16,6%, la carne un 3,5%, el pescado y el marisco más de un 2%, los aceites y las grasas casi un 3%, el azúcar y el chocolate casi un 4%, y las verduras casi un 2%. La luz, que ya subió casi un 3% a primeros de año, subirá todavía no sabemos cuánto (entre un 5 y un 10%) en julio. El gasoil también ha situado su precio en máximos históricos: 1,30 euros el litro. Se trata de un suma y sigue, en el que los sueldos no dan a más.

Todo esto está repercutiendo de forma dramática en la situación económica de las familias, que están padeciendo un verdadero ahogo, agravado por la obligatoriedad de tener que hacer frente a los pagos de créditos, en la mayoría de los casos. La consecuencia de todo esto es un retraimiento en el consumo, lo que afecta a todos los sectores. Un ejemplo muy visual de ello es la caída de ventas de coches (un 24,3% en el mes de mayo). Si no se consume, se reduce la producción, aumenta el índice de desempleo... y es la pescadilla que se muerde la cola.

Así, pues, la circunstancia parece más grave de lo que el gobierno preveía o quería reconocer, y para lo que planteaba como algunas medidas paliativas la deducción de 400 euros en el IRPF para pensionistas, asalariados y autónomos o el adelanto de la devolución del IVA a los empresarios, el plan de recolocación para los parados del sector de la construcción y otras iniciativas para ayudarlo a superar su grave situación, como la ampliación del plazo del pago de las hipotecas. Esto, a estas alturas, es a todas luces insuficiente. Hacen falta políticas de calado y no parches que mermen aún más las arcas del Estado, y por supuesto sobran subidas de impuestos y de tarifas en un momento tan complicado.

Ya no se trata de que los ciudadanos tengan la sensación de que la "cosa está muy mal", sino que es una realidad que padecen día a día, y no se equivocan si hablan de crisis, pues según la Real Academia se define como tal "una sitaución dificultosa o complicada", y si eso no es lo que estamos viviendo, que venga Dios y lo vea.

Asociación Provincial de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios Atlántida

Injusticia del Gobierno de Canarias

Mi nombre es Abenchara Rodríguez Lorenzo, tengo 24 años, y soy estudiante de Matemáticas en la Universidad de Granada, siendo ciudadana de Las Palmas de Gran Canaria. Me dirijo a usted con objeto de que pueda hacerse pública la injusticia de la cual estoy siendo víctima, peligrando mi futuro a muy corto plazo.

El Gobierno de Canarias me ha denegado, sin justificación sólida alguna, la beca para estudios universitarios solicitada para el curso 2007/2008. El proceso comienza cuando, dentro del plazo establecido por la convocatoria y reuniendo cada uno de sus requisitos, me recogen dicha beca en la secretaría de mi Facultad (Facultad de Ciencias de Granada), donde ellos la remiten al Servicio de Becas de Granada.

Mi problema aparece cuando desde Canarias se niegan a concederme la beca, alegando que se encuentra fuera de los plazos establecidos. Automáticamente, la jefa de departamento de becas de Granada se pone en contacto con becas en Canarias, donde éstos le piden que acredite que mi beca ha sido recogida dentro del plazo establecido, justificación que me acredita el propio secretario de mi universidad sin mayor inconveniente. Mi estupefacción va en aumento cuando, después de entregar toda la documentación necesaria, pedida por ellos, me la vuelven a denegar porque consideran que la beca está fuera de plazo, lo cual vuelve a ser falso. Como consecuencia, vuelvo a reclamar mi disconformidad con esta resolución, mandando un escrito a la propia comisión de becas. Cuando me pongo en contacto con los funcionarios de la administración de becas, no saben contestar a mi pregunta de por qué, teniendo un justificante sellado por el propio secretario de la Universidad, y constando el testimonio de la propia responsable de becas en Granada, acreditando la validez de los argumentos, siguen denegándome la beca.

Tengo la sospecha, no probada aún, de que lo que subyace en la actitud tan deshonrosa del Gobierno canario ante mi caso es el retirar su apoyo a aquellos estudiantes que deciden libremente salir de las Islas para realizar sus estudios, de ser cierto (y espero que no), constituye una discriminación grave y sin fundamento legal.

Y me dirijo a usted con la esperanza de que publique mi caso con el fin de encontrar a alguien que me pueda ayudar, o al menos hacer público el caso.

Se trata de una beca de vital importancia para la continuación de mis estudios universitarios fuera de Canarias, ya que, desgraciadamente, carezco de medios económicos para costéarmelos, al pertenecer a una familia de 4 hermanos en la cual los ingresos resultan insuficientes. Al ser la hermana mayor de un núcleo familiar humilde, he decidido no ser más una carga para mis padres y que éstos puedan otorgar algo de dignidad a su hogar y futuro a sus hijos.

Abenchara Rodríguez Lorenzo

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