Criterios
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JORGE ROJAS HERNÁNDEZ

Cambio de opinión

7/ago/08 01:36
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¡VANIDAD DE VANIDADES! ¡Hay gente que me lee!¡Y no sólo amigos, sino personas que no conozco!

Creo que tengo derecho a expresarme como lo he hecho, ya que a raíz de la publicación de mi artículo "Con perdón...", el día 1 de agosto, han sido bastantes los chicharreros que me han felicitado por su contenido. Eso de alabar la nueva plaza de España, en contra de tantas críticas destructivas, parece que ha sido un revulsivo a la hora de expresar con absoluta libertad la opinión que a cada uno le merece la controvertida obra. Porque, como decía en el mencionado artículo, uno es muy libre de juzgar, alabando o censurando, la labor de un profesional, pero creo yo que siempre es necesario, como suele decirse, "un respetito".

Insistiendo en lo que dije con anterioridad, hay que tener en cuenta que sólo se ha realizado la tercera parte del proyecto, y resulta evidente que no debemos evaluar el todo por una parte. Tildar de charca la fuente, de mamotretos los pabellones, de lodazal la antigua alameda, etc., me parece que resulta, cuando menos, poco apropiado. Y no debo de estar equivocado puesto que así opinan muchos ciudadanos que, por curiosidad, acuden todos los días al lugar para ver cómo ha quedado. Pude comprobarlo ayer por la tarde, a eso de las ocho, hora en la que más de doscientas personas deambulaban sin rumbo fijo por la vasta extensión que es ahora de los ciudadanos, no de los coches, carpas, chiringuitos o escenarios que hasta hace poco allí se montaban un día sí y otro también. Hay un punto negro -eso sí hay que reconocerlo- en el paso que se ha dejado para los peatones enfrente del Bar Atlántico, algo estrecho, mas eso son pequeños errores que se dan en todas las obras de gran extensión. El proyectista quizá pensó que por aquel lugar no pasaría mucha gente, que más bien bordearía la fuente para acceder a continuación hasta la plaza de Candelaria, y se equivocó. Ignoraba que el chicharrero, cuando pasea por aquella zona -como si fuese una peregrinación- bordea siempre el Bar Atlántico.

Y hablando de la plaza de Candelaria, hasta este momento no he leído ni un solo comentario sobre la restauración del monumento. ¿Es que nadie se ha dado cuenta de que ya los miembros amputados han sido reemplazados, así como pulidas sus marmóreas superficies y resaltados los textos que recuerdan su proclamación? Habría sido un buen detalle bendecir el monumento aprovechando la inauguración de la plaza, pero se ve que el acto no debió de parecer políticamente correcto al mezclarlo con lo religioso.

Lógicamente no quiero acabar este comentario sin referirme a la actitud de muchas personas que, al día siguiente de la inauguración, prefirieron la fuente al Parque Marítimo César Manrique para refrescarse. Estuve ausente ese día y no sé si hubo bañadores o sólo baño de pies. Fuera lo que fuera, está claro que actitudes como esa no pueden volver a repetirse. Es posible que los bañistas hayan oído hablar del chapuzón de Anita Ekberg en la romana fuente de Trevi, o de las zambullidas de los seguidores del Real Madrid en la Cibeles madrileña, pero ante la posibilidad de que eso pudiese ocurrir, el ayuntamiento capitalino debió prever la vigilancia del recinto; no vale eso de que la obra aún no había sido entregada a la municipalidad. De todas formas, va a ser difícil evitar los baños de algunos cuando el calor apriete, así que sería conveniente anunciar su prohibición, indicando igualmente que el agua es salada pues a muchos les molestaría después el salitre -a menos que se pongan unas fuentes de agua dulce en algún lugar del entorno. No obstante, haciendo mía la propuesta de mi buen amigo Juan Topham, sería conveniente permitir el baño en una ocasión que, espero, no tarde mucho en producirse: cuando el Tenerife ascienda a Primera División.

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