LA sociedad pública Transportes Interinsulares de Tenerife, S.A. (Titsa) se llamó "la compañía de guaguas", cuyo valor nos aportó el Gobierno de la nación tras la Transición. Cuando una huelga indefinida de los trabajadores de la firma que fue propiedad de la familia Oramas y que cubrió, con carácter de monopolio (La Exclusiva), los servicios interurbanos, primero, durante muchos años, y los urbanos de Santa Cruz cuando suspendió el suyo la llamada Unión de Autobuses Urbanos (las recordadas guaguas azules o "guaguas perreras", llamadas así porque sus billetes costaban una perra el recorrido más corto y tres perras el más largo, la isla de Tenerife quedó prácticamente sin comunicaciones con transportes colectivos de pasajeros y el Gobierno de entonces no tuvo más remedio que aportar lo necesario para solucionar ese grave problema.
Titsa ha venido funcionando desde entonces, hace más de trienta años, con algún que otro conflicto interno pero sin la importancia y la gravedad de los que motivaron su existencia, que se debió al Ministerio de Industria. La compañía pasó a depender de la Consejería de Transportes del Gobierno de Canarias, y, más tarde, del Cabildo Insular de Tenerife, que la rige y la administra en estos momentos. Aunque la Corporación Insular ha mejorado notablemente e incrementado el número de vehículos de la compañía pública, Titsa ha sido más criticada que elogiada, en especial por su lentitud y su falta de puntualidad en las paradas. Sin embargo, ha cubierto satisfactoriamente los itinerarios. Y celebró con algunas actos festivos creo que el 36º aniversario de su puesta en servicio. Ahora, Titsa depende del consejero de Economía y Competitividad del Cabildo, don Enrique Alonso Rodríguez, quien, en vez de presentar al mucho público usuario las reformas del plan de saneamiento aprobado por unanimidad por el pleno del Cabildo, del que no sabemos sino el inesperado y generalmente rechazado aumento del cuatro por ciento del billete en este mes de agosto, se soltó la siguiente bolada: "Aumentar la velocidad comercial de la guagua supone un ahorro de tres millones". No sé lo que es velocidad comercial y velocidad de la otra en las guaguas, pero, con la velocidad que llevan, porque no pueden habida cuenta del endiablado tráfico de esta ciudad o por voluntad de los señores conductores que protestan y hacen huelga, como la de hace poco, supongo que poco será el ahorro. Es, cuanto menos, sorprendente y abusivo el brutal aumento de lo que es ya caro en poblaciones españolas. Sin tener en cuenta las actuales condiciones críticas en que vivimos.
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