BENJAMÍN REYES, Tenerife
María do Ceo nació en Oporto, pero a los 9 años cruzó un río para arribar a Galicia. De esta forma se gestó en su persona una peculiar simbiosis entre la cultura galaica y la portuguesa. Desde que hace quince años dejó su empleo de cajera en un supermercado se ha enfrentado a la vida con su mejor arma: su voz. Desde entonces lleva un ritmo incesante de grabación -ocho discos en once años- en el que María do Ceo musita fados en los que revive a su admirada Amalia Rodrigues. La fadista lusa iniciará en septiembre una gira por Canarias para presentar su nueva entrega musical, "No bico un cantar", integrado por diecisiete canciones en las que recupera los poemas de los poetas más granados de la localidad gallega de Celanova.
-¿"No bico un cantar" es un disco que nace con vocación de perdurabilidad?
-En el prólogo, Xosé Luis Méndez Ferrín, que ha sido propuesto para recibir el Premio Nobel de Literatura, afirma que "este es un disco para perdurar en el tiempo y no morir". De las diecisiete canciones, seis son del poeta Manuel Curros Enríquez, del que este año se cumple el centenario de su muerte.
-En este nuevo álbum firma once de los diecisiete temas.
-Es la primera vez que pongo música a algo. Aunque por mis manos habían pasado poemas, nunca me había surgido de la inspiración. Inspiración que esta vez me llegó porque atravesé un momento muy triste de mi vida: la enfermedad de mi madre. Ver cómo a una persona que quieres tanto se le escapa la vida, me impregnó de una melancolía, de una tristeza, de una rabia, de un sinfín de sensaciones, que, de repente, como un huracán, se revolvió algo dentro de mí y empezaron a salir músicas. En un mes y medio compuse veintidós canciones totalmente diferentes. Como si alguien desde el más allá hubiera introducido las melodías en mi cabeza.
-Suya también ha sido la selección de los textos de los poetas de la tierra de Celanova.
-La Fundación Curros Enríquez me propuso componer un disco a partir de los cuatro poetas más importantes que han nacido en Celanova: el propio Curros Enríquez, Celso Emilio Ferreiro, Castor Elices Rodríguez y Xosé Luis Méndez Ferrín, este último el único que está vivo. Celanova es una villa muy pequeña cerca de Orense que ha dado cuatro de los mejores poetas de la literatura gallega. No sólo están estos cuatro clásicos, sino que Celanova actualmente está generando nuevos poetas que están escribiendo una poesía maravillosa, como Serafín Marqués y Armando González López. Del primero, que es el deán de la catedral de Orense, musiqué el poema llamado "A morte", del segundo surgió un tango. Elegí los poemas que más me llegaron al alma.
-¿En su música fusiona la morriña gallega y la melancolía del fado?
-Sí, he tenido la gran suerte de que mi padre cuando emigró para buscar una mejora de empleo se quedó muy cerca de su tierra natal: Portugal. No quería alejarse mucho para poder ir a visitar continuamente a su madre. Dimos un salto a Galicia, que es una prolongación de Portugal. Todo era muy parecido. Paulatinamente, me fui impregnando de la cultura española sin olvidar mis raíces portuguesas porque al otro lado del Miño estaba el resto de mi familia. Fusioné la melancolía lusa con la dulzura de la lengua gallega. Al fusionar esas dos lenguas cree un estilo único y propio, que normalmente se da en tríos o cuartetos.
-¿Qué diferencia sus fados de los de Marizia o Misia?
-Al estar alejada físicamente de Portugal no bebo de la fuente que beben todas estas fadistas. Adopto una forma diferente que empieza con mi pronunciación, que es más abierta y entendible. Puedo explicar en castellano lo que voy a interpretar y luego cantar en portugués o gallego. También me diferenció de otras fadistas por los instrumentos que trabajo. He cantado en conciertos con componentes de la Orquesta Sinfónica de Galicia. También he incorporado el acordeón a mis actuaciones, un instrumento que forma parte de la música popular de raíz.
-¿Por qué el fado es tan nostálgico?
-Ser fadista es un estado de ánimo desde que naces. El fado es nostálgico como el tango porque el mar crea mucha melancolía. Ves alejarte a las personas cuando las despides y no sabes cuándo regresarán. Antiguamente, Portugal fue uno de los países que más viajó. Al ser un país con tanta costa, los marineros marchaban y las mujeres se quedaban en tierra. Había muchos meses de mar dejando atrás a sus seres queridos.
-¿María do Ceo siempre cantará fados?
-Fados hasta morir. Pero en mi repertorio, además, incorporo bolero, tango, música gallega y música popular portuguesa. Todo ligado al fado. Por ejemplo, interpretó una versión de "Piensa en mí", donde la primera parte es un bolero cantado en español y la segunda un fado en portugués. Me encantaría grabar un disco de boleros.
-¿Se considera heredera directa de Amalia Rodrigues?
-Eso dicen de mí. Yo me considero una discípula de Amalia Rodrigues. Todo lo que sé lo he aprendido de ella. He tenido la gran suerte de conocerla personalmente y de estar varias veces en su casa en Lisboa antes de que muriera. Me aconsejó que siempre fuera yo misma. Me asemejo a ella en que me he hecho a mí misma. Hasta hace quince años era cajera en un supermercado. Me quedé sin trabajo con unas enormes cargas económicas y teniendo que sacar adelante a mis dos hijos pequeños. La vida te empuja. De la nada, sin haber ido nunca a una escuela, me puse a cantar en los cafés de las ciudades, y de ahí me vinieron a buscar para ir a los teatros, y ya de ahí no salí más. De Amalia Rodrigues se puede coger todo. Quizá me parezca a ella en que soy una cantante que desnudo mi alma en el escenario, que llora cuando canta porque todo lo que canto lo siento.
-Las letras de su sexto disco, "Dúas almas do Miño", las compuso Moncho Borrajo. ¿Cómo surgió esta relación?
-Moncho Borrajo es un gran amigo. Es de Orense. La gente conoce su faceta como humorista pero además pinta, escribe, es aparejador. Moncho escribió una letra muy bonita de lo que había sufrido el mar cuando ocurrió lo del "Prestige". Y yo la adapté para mi disco "Fado... e outras músicas" (2004). A él le encantó y me propuso hacer un disco sólo con letras suyas. Y así surgió "Dúas almas do Miño". Un alma era Moncho Borrajo y la otra el compositor portugués Arlindo de Carvalho. Y el puente entre estas dos almas era María do Ceo.
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