Desde Europa nos habíamos embelesado con el desarrollo y el contenido de las primarias en Estados Unidos para la elección de los candidatos a la Casa Blanca en las próximas elecciones del mes de noviembre. Sobre todo con la celebración de los debates entre los aspirantes demócratas, Barack Obama y Hillary Clinton, múltiples debates en cada estado en una pugna que se libró hasta el final. Acostumbrados como estamos en España a la crispación y a la descalificación personal, nos sorprendía agradablemente que los contenidos de los debates versaran sobre propuestas e ideas, principalmente, porque cuando la señora Clinton se vio en peligro y recurrió a cuestionar personalmente a su adversario político recibió el serio correctivo de los propios electores y la recriminación del mundo político. Ahora comienza el espectáculo, la carrera definitiva hacia la presidencia de los Estados Unidos, y no parece que los candidatos se vayan a recatar a la hora de utilizar cualquier método para ganar. Ha roto el fuego el candidato republicano, John McCain, que va perdiendo en las encuestas, con dos anuncios en televisión y en la página web en los que acusa a Barack Obama de ser sólo una celebridad pero no tener capacidad para dirigir el país y le compara con Dios, como si fuera "el elegido" y también con París Hilton y Britney Spears. La carga de profundidad más potente acusaba a Obama de explotar el factor racial. Estaba cantado que el color de la piel del candidato demócrata iba a ser uno de los elementos principales de la campaña, pero más de un analista ha advertido que eso supondrá un retroceso para la integración y la convivencia de la sociedad norteamericana.
La guerra en Irak, en Afganistán, la crisis económica, la inmigración, la droga, la sanidad o la forma de hacer política son los asuntos que, en teoría, deberían centrar el tramo final definitivo de la campaña electoral. Nos hemos despertado a golpe de vídeo y nos hemos reencontrado con la cruda realidad de que hay mucho en juego y el fairplay se queda para los Juegos Olímpicos de Pekín. Obama va a insistir en su estrategia de cambio y esperanza con una campaña positiva y sin descalificaciones personales. El tiempo lo demostrará porque uno de los retos fundamentales que tiene Obama para ser el primer presidente negro de los Estados Unidos es convencer a la mayoría blanca de que el color de piel no condicionará su mandato y de que no tiene el más mínimo ánimo de revancha.
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