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TROMPULGA Y CHICHAPIÉ JOSÉ A. INFANTE BURGOS

La Ronda de Doha

4/ago/08 01:34
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La Organización Mundial de Comercio (OMC) se creó en 1995 y se supone que administra los acuerdos comerciales entre zonas y miembros en los marcos: del Acuerdo General sobre Comercio y Aranceles (GATT en inglés); el Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (GATS en inglés) y el Acuerdo sobre Comercio de Propiedad Intelectual (TRIPs en inglés). Además de esta función principal, la de administrar sobre unos puntos de partida, la OMC es un foro de negociaciones comerciales multilaterales que facilita la resolución de las diferencias, disputas y conflictos comerciales, entre zonas y países. Coopera con el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, con el objetivo de lograr una mayor coherencia entre la política económica y comercial a escala planetaria. En la práctica es el sitio y tiempo donde los Estados miembros buscan fórmulas para la reducción de aranceles y el libre mercado, aunque esto último sea una falacia.

Doha es el nombre traducido del árabe de la capital de Qatar. Un país extremadamente rico en petróleo, situado en una pequeña península del Pérsico y donde, en plan magnates, se celebraron las últimas reuniones denominadas como Ronda -como la ronda el vino o la vía de ronda- y que transcurren sin esperanzas y en un estrepitoso fracaso.

La Ronda de Doha pretendía ser el lugar y período de avance que completaría para el sector agrícola el ciclo de apertura y acuerdos anteriores, procedente y desde la Ronda de Uruguay. Echar unas perritas de negociación, eso es una Ronda de Doha.

Lo cierto es que los países poderosos habían conseguido en los acuerdos anteriores blindar y proteger convenientemente sus mejores producciones agrícolas, entre ellas el plátano, el tomate... haciendo valer la ley del más fuerte. Los países en desarrollo pretendían ahora (y de ahí la amenaza a nuestras producciones agrícolas) que las grandes potencias eliminaran o redujeran progresivamente sus rompeolas protectores a la agricultura interna, que se hacen por la vía de subsidios directos o vinculados a la exportación.

La realidad es que los poderosos no quieren aceptar, sin nada a cambio, grandes modificaciones de la posición ventajosa existente. La fuerza e inercia conduce a condiciones leoninas sobre muchos chiringuitos y ningún economista riguroso del globo, ni loco, le podrá afirmar que el comercio mundial está medio compensado y que es un poquito justo. No lo es, ni de coña. Una buena proporción de expertos y aficionados a la economía más bien opinará precisamente lo contrario. Que el invento está montado a la grupa de canalladas, en perjuicio de los más débiles. El canciller Brasileño Celso Amorim, como muestra y muy desengañado, ha declarado a EFE "que los más pobres siempre pierden más, porque tienen menos capacidad de adaptación".

Como archipiélago del centro Atlántico, los beneficios de estar integrados en el Norte y en la Política Agraria Comunitaria (PAC) son escasos y mal defendidos en la OMC, en comparación relativa con los que se manejan para las producciones centroeuropeas, norteamericanas, japonesas? Y, encima, pretenden recortarlos, en base sobre todo a las presiones norteamericanas que explotan con sus multinacionales, la banana centro y sudamericana. Es decir, que quieren desmontar protección cuando si la nueva Ley Agrícola planteada en EEUU entra en vigor, creará la posibilidad de subsidios aún mayores de los que había para su mercado. La ley del embudo. Ellos más y nosotros menos, cojonudo. Con los marroquíes pasa igual. La negociación con este vecino consiste en venderle más coches y aviones, a costa de abrirle la mano y la puerta, por ejemplo, del tomate.

Canarias está, pero no está, especialmente si se tiene en cuenta que componemos una porción totalmente dependiente del exterior. Las protecciones arancelarias sobre el plátano, tomate? es de lo poquito y muy dosificado que sacamos en claro de estas pastelerías, como la de Doha, que por lógica de intercambio tendríamos que rentabilizar en alguna medida. Ya perdimos las medianías, la ganadería, la pesca... Por el contrario, siempre hemos estado abiertos de patas a los productos del Norte, de China e incluso del Sur.

Nosotros, los que se supone ricos y no lo somos, estamos en una posición rara. Mantenemos producciones de explotación agrícola, pagando sueldos muy por encima de los que "ni abonan" los competidores pobres y muy por debajo de los percibidos en los mercados a los que van dirigidas nuestras exportaciones. Entre medio, soplando gaitas.

Somos los pobres, dentro de los ricos y/o los ricos dentro de los pobres. A ver si, entre unos y otros, nos van a echar el muerto a nosotros y nos convierten en ¡Los "paganinis" de las comilonas!

infburg@yahoo.es

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