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SUPERCONFIDENCIAL ANDRÉS CHAVES

El balneario

4/ago/08 01:34
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1.- En la plaza de España han construido un balneario para lavarse la gente los huevos. Quienes los tengan. A este país de analfabetos, de doñas, de chachones y de maleducados lo que no se le puede regalar es un charco porque, sencillamente, toda esa fauna se mete dentro. El concepto de fuente no existe y desde que al chingo se le llama géiser se acabó lo que se daba; lo demás es dar de beber a indocumentados que arrasan el patrimonio público y se ponen a nadar en los dos palmos de agua de Herzog y De Meuron. El otro día le dije a Bermúdez que es preciso vallarlo, porque este no es un país normal, sino un submundo de horteras del que me estoy hartando; y hago las excepciones de rigor, porque no todos somos iguales, por supuesto. Es decir, que existe mucha gente que no se meterá jamás en el charco.

2.- Porque el canario ve una charca y se priva. Si no, fíjense en la de San Ginés, en Lanzarote, que apesta, y en ese otro charco al que se lanzan una vez al año los canariones con las patas sucias para atrapar a pobres peces despistados que sucumben al ñame nauseabundo del bailarín de agua salada. La plaza de España ha quedado muy bonita, sí señor, pero o se cose a multas a quienes invadan la fuente o se levanta una valla o se construye un foso como el del estadio Santiago Bernabéu. Todo menos que las mamás enseñen a nadar a sus hijos en la pileta, el vagabundo remoje sus patas en ella y el gamberro se ponga a chapotear de un lado al otro de la gracia arquitectónica de los citados artistas suizos.

3.- Lo mismo que existe una cultura del agua (la Expo de Zaragoza) se genera también una incultura del agua (el géiser de Herzog y De Meuron), del que el pueblo se ha apoderado sin piedad. ¿El pueblo? No, el pueblo, no, porque el pueblo somos todos, no sólo los horteringuis que remojan los dátiles en la lámina de agua, tan hermosa si está limpia y libre de niñatos en calzoncillos y de madres que les ríen las gracias. Animo al municipio a que levante las patas del suelo a multas a los transgresores, a los poco urbanos, a los mentecatos que confunden un bien público y estético con un balneario. Por eso digo que este país no tiene remedio.

achaves@radioranilla.com

1.- He recibido una carta de cierta agencia benefactora. "Está usted en el RAI", me dice. Resulta que Telefónica se empeña en que yo le debo algo así como 600 euros y yo me empeño en que no es cierto. Le he intentado demostrar a Telefónica mi verdad, pero me estrello ante una máquina parlante que dice siempre lo mismo. Y, como consecuencia, estoy en la lista del RAI. Hete aquí que existen agencias, que florecen en épocas de crisis, que a cambio de módicas cantidades se ofrecen para sacarte del Registro de ceptaciones Impagadas. Llamo y la cuota es superior a lo que yo no le debo a Telefónica. ¿Qué hacer? Tiré por el camino de en medio: que le den por culo al RAI. Figurar en esa lista supone, hoy por hoy, un alto honor. Si ustedes la consultan verán la cantidad de personajes ilustres y empresas de personajes ilustres que se reflejan en ella.

2.- Una vez, como casi siempre ocurre con ese banco, pero hace ya muchos años, el Santander me presionó con vehemente insistencia para que pagara un crédito vencido. Era tanta la presión que escribí una carta al director general, amenazándolo con cambiar mis números rojos de banco. Aquello le debió hacer gracia al hombre porque me contestó, indicándome que para el banco era un placer darme facilidades para que cancelara mi deuda, como así ocurrió. En cierta ocasión, inspectores de Madrid que revisaban las cuentas de los acreedores del entonces Banco de Bilbao recriminaban a su director en La Laguna, don Paco del Castillo, la situación de cierto cliente moroso. "¿Y por qué este señor no paga, don Francisco?", preguntó el godo. Y el director canario respondió, rotundamente: "¿Por qué va a ser?: porque no tiene dinero". Toda una deliciosa obviedad.

3.- Yo me niego a hablar con máquinas parlantes, como las de Telefónica. No tengo defensa. La máquina siempre da la razón a su empresa. Por eso he aprendido a vivir con el RAI, lo mismo que me encantaría que un día me persiguiera el cobrador del frac. Lo invitaría a Los Limoneros, para que saciara su boca de pobre. Al fin y al cabo, esta es una vida de apariencias. Nadie podía imaginar que el chatarrero de Tres de Mayo pudiera amasar una inmensa fortuna y fuera por ahí en un coche de desguace. Está claro que en esto del dinero las cosas son muy controversiales. El que parece que tiene, no tiene; y el que parece que no tiene, tiene mucho. Una vez más, el mundo está mal repartido. Y de eso a mí no pueden culparme ustedes.

achaves@radioranilla.com

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