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DE DOMINGO A DOMINGO FRANCISCO AYALA

La Casa Amarilla

3/ago/08 01:19
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SIEMPRE he oído hablar de la Casa Amarilla. Incluso de planes para proceder a su conservación y su restauración. Pero todas las iniciativas han fracasado hasta el momento. Del Puerto de la Cruz sé muchas cosas, pero mis compañeros de oficio y de columna Andrés Chaves y Ricardo Peytaví, que son dos magníficos periodistas, dos antiguos y muy queridos compañeros y dos libros abiertos llenos de costumbres y de historia portuense, porque nacieron allí, saben más que yo. Y, como ninguno de los dos ha sido beatificado -dicen- pese a las recomendaciones recibidas desde la Ciudad de las Cabras purificadas con baños de mar y por otras personalidades insulares y de parte del extranjero.

No es que el Papa haya desoído del todo las recomendaciones, pero tuvo la precaución de que El Vaticano enviara sendas cartas a la alcaldesa del Puerto, doña Lola Padrón, y a la vicealcaldesa, doña Eva Navarro, solicitando un currículum de ambos profesionales. Y, contra lo que se esperaba, porque el Puerto pudo tener santos, como Granadilla y La Laguna, las dos autoridades no favorecieron poco a los colegas injustamente. Pusieron su informe, entre otras cosas, que muchos de los derribos parciales de la Casa Amarilla fueron causados por esos dos menudos, que eran más ruines que el purgante de aceite de ricino. Eran unos pibes que no respetaban la Casa Amarilla, cuyo frontis y ventanas lo usaban como blanco de pedradas. Se cree que los entonces dos pibes tiraban las piedras por los huecos de las ventanas para ver si trincaban a un animal de los que residían en la Casa, que fue el primer centro primatológico del mundo. No se refería a que en la Casa Amarilla vivían primos hermanos o primos segundos, y eso, sino primates, o sea, monos. Se supone que la gente que vivía con los animales era para hacer experimentos con ellos. Eso es lo que suponía un servidor, pero no me hubiera gustado ver un primate suelto corriendo detrás de mí por aquellos derriscaderos.

Cuando yo iba con frecuencia al Puerto, hace años, después de marcharse los primates, iba al recordado viejo Rancho Grande los fines de semana, para bailar, a ser posible, con las extranjeras. Ya se habían marchado todos los primates, porque no vi ninguno en aquel salón.

Y ahora, en serio, sin que sirva de precedente, es un deber ciudadano, sea uno o no sea residente en el Puerto de la Cruz, contribuir a que la Casa Amarilla sea declarada Bien de Interés Cultural y restaurada, acondicionada y conservada como un monumento.

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