JUAN MANUEL García Ramos, en tanto que presidente del Partido Nacionalista Canario, debería saber que en la refundación del Partido Popular Canario (antecesor del PNC) por Bernardo Cabrera Ramírez y Juan Pedro Dávila García participamos desde el primer momento miembros del MPAIAC, como su secretario Juan Pedro Dávila, quien visitó a Antonio Cubillo en Argel, y por simpatizantes, como yo mismo, miembro de la Ejecutiva Nacional, como tantos otros que no es cuestión de enumerar.
Me cabe el honor de haber gestionado, junto con Juan Pedro Dávila, la integración del PPC en el Partido Nacionalista Canario, que había sido oficialmente registrado, a la par que el PPC, en 1977, en el Registro Central de Partidos Políticos, y que, por cierto, sufrió de la represión y confiscación de propaganda y bienes, por la osadía de presentarse a cara descubierta a las primeras elecciones autonómicas. En gesto patriótico y altruista de los titulares del PNC de aquel momento, entre otros los finados Domingo Salas Lladó y Eusebio Llarena Torre, acordamos, con Juan Pedro Dávila y yo, que el PPC, que contaba con mucha más militancia y medios, se integrara en el PNC. Desde ese momento y particularmente después del Congreso Constituyente del PNC, celebrado en mayo y junio de 1982 en Bajamar, se integraron numerosos militantes y simpatizantes del MPAIAC. Asimismo, y después de la desintegración de PCU y UPC, varios destacados de sus militantes engrosaron las filas del PNC, de los cuales, y por varias razones, algunos abandonaron su militancia, como, entre muchos otros, José Luis Álamo.
Después de haber intentado el Congreso Nacional de Canarias (CNC) la participación electoral en tres ocasiones, la última en coalición con el FREPIC-AGUAÑAK de aquel tiempo, y en vista de la represión policial que sufrimos sus candidatos, la "desaparición" de papeletas electorales en los correspondientes colegios vigilados bajo la disuasoria y omnipresente Policía Nacional, así como del antidemocrática sistema electoral, que da todas las ventajas en los medios de comunicación, supuestamente imparciales, a los partidos españoles y asimilados con unos minutajes escandalosos respecto a los que se nos asignaron por la Junta Electoral, que apenas daban tiempo para la presentación y despedida. Después de esa experiencia, el Buró Político del CNC, a instancias de sus militantes, decide no participar en las elecciones convocadas por el Reino de España, hasta que éstas puedan tener lugar en condiciones verdaderamente democráticas. En estas circunstancias son muchos los militantes del CNC que deciden militar en el PNC. Tal fue el caso, entre muchos otros, del finado José Diego Díaz Llanos, que había participado en la lista del CNC a la alcaldía de Santa Cruz de Tenerife.
Si los militantes actuales y ex militantes del PNC procedentes del campo independentista optaran por desvelar sus orígenes políticos, las redacciones de los medios de comunicación quedarían colapsadas. Puedo asegurar con conocimiento de causa que la militancia y simpatizantes del Congreso nacional de Canarias fue y es muy superior a la del Partido Nacionalista Canario en sus mejores tiempos. Otra cosa es que, por sentido elemental de responsabilidad, el CNC no tenga listados de militantes y mucho menos de sus correspondientes fichas, salvo los miembros de su Buró Político. Si a alguien le pudiera parecer exageradas las medidas de seguridad, el propio PNC con ocasión del intento, parcialmente conseguido, de golpe de estado del 23-F, Victoriano Ríos y yo nos personamos en su sede, sita en la calle Villalba Hervás -en cuya fachada ondeaba la bandera independentista- para retirar toda la documentación, listados de militantes y fichas, que quedaron bajo la custodia de Victoriano Ríos. Por cierto que hasta esa fecha militó en el PNC el conocido socialista, ya fallecido, Miguel Ángel Barbuzano.
Descuide, que el Comité de Descolonización de la ONU ha sido y sigue siendo riguroso en los procesos de descolonización. Existen unas normas al respecto para asegurar la no ingerencia de las respectivas metrópolis, la incompetencia de sus constituciones y normas electorales en dichos procesos, así como la desmovilización, militar, paramilitar y policial que garanticen la libre determinación. Asimismo, la descolonización está sujeta a un calendario, lo cual impediría una "descolonización abrupta". Todo lo contrario, Canarias está en mejores condiciones y con mayor preparación que la mayor parte de los países descolonizados de la historia.
Don Juan Manuel comienza y termina su crítica con el siguiente párrafo: "¿Cuánto tardaría unas Canarias abruptamente descolonizadas en caer en las manos del anexionismo de Marruecos? Quienes han seguido la historia descolonizadora del Reino de España y observan los frecuentes encuentros al más alto nivel con su vecino Marruecos, en los cuales se negocian y deciden cuestiones vitales sobre Canarias, es para verdaderamente estar preocupados. El peligro está realmente, mucho más, en que los reinos de España y de Marruecos negocien la soberanía de nuestro territorio, cielo, mar y subsuelo; en que no sólo, como es más que sospechoso, se repartan nuestros recursos, si no que, más pronto que tarde, terminen por vendernos".
Marruecos, por sí, no dispone de los medios necesarios para ocupar nuestro Archipiélago y se presupone que sus aliados, EEUU, Francia y España, no entrarían en ese peligroso juego. El Derecho Internacional nos asistiría en tanto que Estado archipielágico independiente. Por cierto que negarle a la ONU el derecho a ocuparse de la descolonización de las colonias pendientes de descolonizar, por encima de sus potencias colonizadoras, firmantes de sus varias resoluciones sobre descolonización, sería ir contra la historia y contra la razón.
Por último, no le quepa la menor duda de que don Antonio Cubillo forma ya parte de la historia, y que el futuro le hará justicia por su dedicación sacrificada a la causa libertaria.
* Secretario insular de Tenerife del Congreso Nacional de Canarias
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