Ay, Garajonay
Ay, Garajonay
Ni la chispa silenciosa, ni la enturbiada colina,
ni el bramido del viento, ni tampoco la bífida
lengua roja con aviesa intención, lograron cercar
tu venerada zona.
Ay, Garajonay
Cómo el alocado clima ha sido capaz de
ignorar tu esencia sin igual.
Las chácaras y los tambores cerraron filas en tu
entrada como frente popular, impidiendo
felizmente un genocidio forestal.
Ay, Garajonay
Monteverde gomero, vergel singular, cuántos
ojos secos de tanto llorar, no sólo de tu pueblo
sino del archipiélago insular.
Ay, Garajonay
En continua danza y sin desmayo
el pueblo alzado con instrumentos
tu umbral traspasará para festejar
con regocijo que tu patrimonio del
mundo indemne fundará.
Ay, Garajonay
Sinfonía de manos en armónica conjunción
trocaron el negro destino de un territorio
canario, humilde y agricultor.
Cuántos olores grabados en piedra rezuman
sin pudor, cuántas pisadas de épocas lejanas
desprendidas del reloj y cuánta multitud
de geométricas caras se reflejan en tus torrentes
de agua fresca, sonora y clara.
Ay, Garajonay
Subido estás en los altares
por tu historia milenaria, inigualable...
sigue sugerente como el renacer de cada día,
vistiendo de esmeralda tu laurisilva y matorrales.
Por tu sabiduría has sabido contener las crudas
tormentas, las aceradas lluvias, el inesperado alisio,
la calima africana y al dragón que tanto rojo
emana, entre quejidos y desesperanzas, ya roto
por el cansancio se duerme y se apaga.
Ay Gara,
Ay Jonay,
inmenso vergel con afán de eternidad.
Dionisio
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