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SUPERCONFIDENCIAL ANDRÉS CHAVES

Hambre de aire

1/ago/08 01:55
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1.- El pasado martes, día 29 de julio, me desperté con una extraña sensación de agobio, totalmente inusual. La temperatura ambiente era de 23,4 º centígrados y la humedad relativa del 66%, en mi casa de La Orotava. Mi tensión arterial se situaba en 14-8, valores normales para mi edad y mi condición física; la temperatura corporal ascendía a 36,5º. Las pulsaciones eran también las habituales en mí, 58. Telefoneé a mi médico, le comuniqué los parámetros anteriores y me dio un diagnóstico rápido: "tienes hambre de aire". Me recetó un Trankimazin de 0,25 miligramos, que situé debajo de la lengua hasta que terminó de diluirse, y me sentí notablemente mejor. A pesar de estar de vacaciones, probablemente el estrés acumulado hizo mella en mí y alteró de forma inusual mi estado de salud, esa mañana. El galeno me confesó que a él le había ocurrido lo mismo la tarde anterior, pero con una subida peligrosa de la tensión hasta los 18 de máxima. Me dijo que siguiera caminando y que no dejara que el estrés me venciera.

2.- No es la primera vez que me falta el aire. Hasta Rosana habla de ello en sus canciones, así que he de preocuparme lo justo y seguir a rajatabla los consejos del doctor. Lo cierto es que llevo un mes caminando entre cinco y siete kilómetros diarios, durante hora y media. He de ponerme en forma si quiero sobrevivir a la vorágine de una profesión que realmente llega a devorarte. Puede ser también que no esté acostumbrado a disfrutar de unas vacaciones que realmente comenzarán este fin de semana, aunque queda la agradable servidumbre de este artículo de cada día, que seguirá apareciendo ante ustedes en este mismo lugar.

3.- El hambre de aire del que hablaba el doctor puede suponer la primera alarma de posteriores sensaciones de estrés que se deben evitar. Desde hace años tomo diversas precauciones químicas para mantener mi salud en un estado aceptable y lo he conseguido. Pero falta lo principal: no pasarme ni un minuto de actividad diaria, dormir más horas y hacer el deporte propio de mi edad, que es caminar, caminar y caminar. Poco a poco voy poniendo en orden todos los consejos recibidos, pero les aseguro que es muy desagradable despertarse -como yo, el otro día- con hambre de aire. Al par de horas me telefoneó el médico para preguntarme por mi estado. "estoy mejor", le dije, "se me ha pasado el agobio". El verano sigue su trayecto vertiginoso. En La Orotava el cielo ha corrido la cortina y veo el Teide. Por fin. ¿Sería eso?

achaves@radioranilla.com

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