Criterios
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
LO ÚLTIMO:

EDUCACIÓN, FAMILIA Y SENSATEZ FRANCISCO-M. GONZÁLEZ *

Abuelos alegres y con marcha

1/ago/08 01:55
Compartir
Edición impresa .

EL PASADO SÁBADO, día 26, coincidiendo con la festividad de San Joaquín y Santa Ana, como va siendo tradicional en España y en otros países hispanoamericanos (aunque en alguno lo festejan en fecha distinta), se celebró el Día de los Abuelos. Todavía no es una fiesta institucionalizada por la ONU, la Unión Europea o cualquier otro organismo que dedica numerosas jornadas a lo largo del año para concienciarnos o recordar a colectivos, hechos o situaciones más o menos significativos, como el Día Internacional de las Familias (15 de mayo), Día Mundial Sin Tabaco (31 de mayo) o Día Europeo de la Salud Prostática (15 de septiembre).

Es de agradecer que, en nuestro país, se dedique desde hace unos años este día a los abuelos no sólo a nivel íntimo o familiar, sino también con un carácter social, ya que cada vez va siendo mayor el número de ayuntamientos y comunidades autonómicas que celebran este día, independientemente de su adscripción política y al margen de que ya esté reconocida la celebración a nivel internacional. Después de todo, en España, la familia tiene un peso especifico -aunque algunos no lo quieran entender- y en el fondo, "fondo", aquí el que más y el que menos aspira llegar a ser abuelo. Hasta a mi hermano Manolo, que toda su vida ha sido algo "tosco" y ligeramente "machista" hay que verlo con la delicadeza y primor con que le cambia los pañales a su nieto Manolito.

A algunos, casi sin darnos cuenta, nos hicieron abuelos todavía jóvenes -a mí personalmente aún me da la risa cuando a mi mujer la llaman ¡abuela!, lo que a ella le encanta y además ejerce-; y también, sin apenas enterarnos, nos vemos con media docena de nietos, alguna ya en la preadolescencia o edad del "pavo", una de la ventajas de ser familia numerosa. Sea como fuere, hay que dar muchas gracias a Dios, porque ser abuela o abuelo -pienso yo- es una de las situaciones más entrañables y sorprendentes a las que se puede llegar.

Para tener "marcha" como abuelos hay que aprender mucho. Al principio, no teníamos claro cuál era nuestra tarea, por eso a menudo nos equivocábamos -tampoco pasaba nada-. Unas veces éramos demasiado amables y delicados por lo que resultábamos unos pelmazos; y otras, excesivamente distantes o intranquilos, con lo que no lográbamos otra cosa que transmitir desasosiego o preocupación.

¿En realidad los abuelos para qué estamos? ¿Para malcriar o para educar los nietos? Creo que ni para una cosa ni para la otra; la educación de los nietos es cosa de sus padres. Los abuelos no deben interferir, bajo ningún concepto, en su labor educativa; se interfiere: consintiéndoles, comprándoles o disimulando? cosas, que los padres no les permiten; o riéndoles las "gracias", que muchas veces exasperan a su madre o a su padre. Los abuelos, en realidad, debiéramos, si la edad y la salud nos lo permiten, estar disponibles para lo que haga falta y para cuando nos pidan ayuda. Esto lo aprendí de mis padres.

Debemos saber con claridad, cuál es nuestro papel en cada momento. Con la edad -que cuando empiezan a venir los nietos pasa volando-, con los años, vamos adquiriendo la madurez suficiente para saber distinguir lo importante de lo secundario, a pasar por alto las banalidades o pequeños detalles que no tienen la menor importancia y que con frecuencia originan conflictos entre padres y abuelos. Pero que con el tiempo, nos vamos haciendo más tolerantes -con lo tolerable- e indulgentes y así podemos comprender todo lo que vaya sucediendo en las relaciones con los hijos casados y con los nietos. El respeto mutuo es la clave.

Ahora, cuántas veces mi mujer y yo nos reímos de nuestros comienzos como padres "novicios" y después como abuelos "novatos". Reír nos aligera el espíritu, nos hace positivos y nos hace ver la vida con optimismo. Reír ayuda a exteriorizar lo mejor de nuestros sentimientos y emociones: nuestra alegría de vivir, de ver a unos nietos, aunque traviesos, ¡encantadores!, y unos hijos que saben ir "por la vida". Pienso que no hay nada que haga más felices a los nietos y a sus padres que el optimismo y la alegría de sus abuelos. Esa alegría sobria y profunda, que sale del fondo del alma, como consecuencia de haber recorrido juntos el largo tramo de un camino, tantas veces escarpado y con algunos "derrapes", pero un camino al que se vislumbra la meta. Nada cautiva ni contribuye a mantener la unidad en la familia como la serenidad, la ecuanimidad y la sonrisa sencilla, sincera y abierta de los abuelos; y su disponibilidad.

Soy consciente, conozco casos de abuelos que después de una vida de esfuerzo y sacrificio -de darlo todo- están solos, abandonados a la caridad pública o en centros donde materialmente, tal vez, no les falte nada. No hace mucho un amigo mío bastante mayor, que vive en una de estas residencias de lujo, me comentaba: "Aquí me atienden, me tratan muy bien, son excelentes profesionales, pero me falta el calor de mi casa, el cariño de la familia, y la sonrisa de mis nietos?". ¡Esto es una injusticia! Como insiste Benedicto XVI: "Los abuelos mayores deben volver a ser presencia viva en la familia, en la iglesia y en la sociedad, porque son testigos de unidad, de valores fundados en la fidelidad a un único amor que genera fe y alegría de vivir".

* Orientador Familiar

fmgszy@terra.es

 Última hora:

 Últimas galerías:

PUBLICIDAD

Cargando...

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Portada > Criterios

© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD

eldia.es Dirección web de la noticia: