CUALQUIER DICTADURA es caldo de cultivo para ingeniosos chistes. Cuando falta la libertad de expresión, no queda más remedio que recurrir a las frases con doble sentido, a la lectura entre líneas y a otras picardías del lenguaje. Así, se cuenta que un señor se acercaba todas las mañanas a un kiosko de periódicos, hojeaba las dos o tres primeras páginas de los diarios expuestos y luego se marchaba, sin comprar ninguno, moviendo la cabeza con gesto de fastidio. Eso al principio mosqueaba bastante al kioskero. A ningún comerciante le gusta que le manoseen el género. Pasadas algunas semanas, empero, comenzó a sentir curiosidad por lo que buscaba, y parecía no encontrar, aquel individuo. "Una esquela", le respondió el día en que, por fin, se acercó a él para preguntarle. "Pero hombre de Dios, las esquelas no salen en las primeras páginas sino en las últimas", le dijo el dueño del kiosko. "No, la que yo busco se publicará, el día que toque, en la primera página, y en mi casa brindaremos con champán", le objetó aquel lector gorrón.
El 21 de noviembre de 1975, e incluso el mismo 20 en ediciones especiales, casi todos los periódicos españoles encabezaron sus portadas con una gran esquela. Y mucha gente brindó con champán, o con lo que tuvieran a mano, en medio de carcajadas a mandíbula batiente, aunque en privado. Jolgorios que pocos años después, sin motivo ya para temerle a la Brigada de Investigación Social, cruzaron el umbral de la prudente intimidad para adquirir carácter público. Incluso algunos profesores de la Universidad de La Laguna, por aquellas fechas bastante más politizada y socialmente comprometida que ahora, convocaron un brindis para celebrar la muerte de Franco.
El mencionado chiste no es original. Lo conocen casi todos aquellos a quienes les alcanza la memoria para recordar, al menos, los últimos años de la dictadura. Los que tienen menos de 30 años, no; a ellos no les bullen esos recuerdos en la testa, si bien poseen la fortuna -en el caso de que eso sea una fortuna, claro- de no haber conocido a otro alcalde que el mismo de siempre. Tal es el caso de los habitantes de Valle Gran Rey y su ya ex primer edil Esteban Bethencourt, apeado de la poltrona tras la puñalada política de Ruymán García.
Al margen de las circunstancias que han conducido a este golpe de mano -un asunto para analizarlo no en uno sino en muchos folios-, ¿es democráticamente higiénico que alguien lleve 29 años como alcalde de un municipio, sea el que sea? Situación que no es privativa de Valle Gran Rey, pues de igual forma cabe preguntar cuánto tiempo hace que Isaac Valencia manda en La Orotava. Eso por no hablar de Domingo Calzadilla en Arafo, que ya era alcalde cuando los dinosaurios aún no se habían extinguido. Al final de todo, considerando que cualquier ser humano está en el limbo intelectual hasta que cumple ocho o diez años, resulta que nadie con menos de cuatro décadas en las costillas ha conocido a otro regidor municipal que el de siempre en esos y otros municipios. Razón más que suficiente, a mi entender, para que unos vecinos de Valle Gran Rey hayan brindado con champán por la caída de Bethencourt.
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