Santa Cruz de Tenerife

El declive de la población de tortugas fomenta la invasión de medusas

Un proyecto del Centro Superior de Investigaciones Científicas, en colaboración con la fundación BBVA, ha descubierto importantes zonas de anidación de la tortuga laúd, segunda más habitual en el litoral español y un predador natural de las medusas, por lo que se baraja la posibilidad de trasladar algunos ejemplares.
COLPISA, Madrid
1/ago/08 1:55 AM
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La desaparición de sus depredadores naturales es, según los expertos, una de las causas de la plaga de medusas que azota nuestras playas. Investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han descubierto en las costas de Colombia y Panamá importantes zonas de anidación de la tortuga laúd, uno de estos depredadores.

Este descubrimiento debe jugar un papel clave en la conservación de esta especie, la de mayor tamaño dentro de la familia de las tortugas, que en la actualidad se halla en peligro de extinción.

"El objetivo del estudio es explorar las zonas de cría, analizar sus problemas y buscar soluciones", explicó Adolfo Marco, uno de los responsables del proyecto.

La tortuga laúd es la segunda más numerosa en el litoral español, tanto en la vertiente atlántica como en la mediterránea. Puede alcanzar los dos metros de longitud y cerca de 800 kilos de peso, y llega a vivir más de 100 años. Este reptil realiza las migraciones más largas conocidas en cualquier vertebrado marino, habiendo sido avistadas incluso en zonas cercanas a los polos.

"Su capacidad de orientación y navegación es impresionante", destaca Marco.

En España, los avistamientos de esta especie suelen ser ejemplares varados, ya que no suelen acercarse a la playa a menos que estén enfermos o heridos.

Control biológico

La medusa es el principal componente de su dieta y dada su presencia en el litoral español podría jugar un papel importante en el control biológico de esta especie.

"El declive de estos animales ha contribuido a la explosión demográfica de las medusas", afirma el investigador.

La playa más importante hallada por los investigadores se encuentra en Armila (Panamá), en una comunidad de indígenas Kunas, donde, según explica Adolfo Marco, los científicos encontraron "un modelo fantástico de convivencia con la naturaleza; eso es algo que también está en peligro de extinción".

El investigador destacó la colaboración de las tribus, que incluso les abrieron las puertas a sus sesiones asamblearias. "El lugar no es fácil, lo que probablemente haya favorecido su conservación", declaró Marco, que explicó que la zona es paso habitual de narcotráfico y paramilitares.

Aunque se pueden avistar por todo el Atlántico y el Mediterráneo, anida en zonas cálidas, y otros puntos importantes de anidamiento son la Guyana, Trinidad o Cabo Verde.

La Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza ha incluido a la tortuga laúd como especie en peligro crítico de extinción. En contra de su pervivencia se puede nombrar el expolio de nidos, los perros domésticos, la contaminación pública, e incluso la deforestación, al quedar atrapados en troncos abandonados en la playa por la industria maderera.

El cambio climático también juega un factor clave, ya que se ha demostrado que la humedad de la arena es un elemento que contribuye al éxito del anidamiento.

Posibles soluciones

Entre las soluciones que aportan los responsables del estudio, está la colaboración con las comunidades locales, los programas de desarrollo sostenible que aporten trabajos a la comunidad, la protección activa de nidos y playas, y el control de los depredadores, todo ello con el objetivo de garantizar el nacimiento y el crecimiento de estos reptiles.

"La tortuga laúd es un recurso turístico de primera magnitud", subraya Marco, quien señala la dificultad de hallar un equilibrio entre la protección de la especie y las necesidades económicas de las poblaciones, añadiendo que "hay que convencer a los lugareños de que una tortuga viva es mucho más valiosa que una muerta, y sólo con eso ganaremos muchísimo en prevención".

Además, los investigadores del CSIC han apostado por reducir las causas naturales de mortalidad de la especie para recuperar la población. Aunque reconocen que la medida es hasta cierto punto "artificial", consideran que es necesaria ya que los impactos humanos son mucho más difíciles de resolver y exigen acuerdos a largo plazo.

"Los consensos son complicados, llevan tiempo, y mientras, los animales se nos están muriendo", sentencia Adolfo Marco.