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El 83% de los cuidadores informales de personas dependientes son mujeres

El cuidado de dependientes en España está principalmente en manos de mujeres. Tanto es así, que un total de 5.300.000 realizan de manera altruista y no remunerada las actividades más cercanas a la intimidad del dependiente, tales como usar el servicio o comer, mientras que el varón se dedica a administrar el dinero.
EFE, Madrid
1/ago/08 1:55 AM
Edición impresa

Un total de 5.300.000 mujeres en España se dedican al cuidado informal (atención altruista y no remunerado) de personas dependientes, lo que representaría el 4,62 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) y el 9,05% del empleo.

Estas son algunas de las principales conclusiones del estudio "Cuidados a personas dependientes. Valoración económica" realizado por el Instituto de la Mujer y presentado ayer en conferencia de prensa por la directora general del Instituto, Rosa María Peris.

"Es un hecho constatable que las mujeres asumen esa situación (de cuidar a las personas dependientes) y que hay una tendencia a la feminización en esa área", explicó Peris, quien advirtió de que la ley de dependencia "no sufrirá variaciones" pese al "momento complicado" económico del país.

El análisis también demuestra que los cuidados se dirigen, por un lado, a mayores dependientes, casi el 60 por ciento mujeres, y por otro, a los niños menores de tres años, que representan el 4,2 por ciento de la población. Además, los hombres representan entre el 28 por ciento y el 31 por ciento del total de la población cuidadora.

Respecto a la manera en la que se proporciona el "cuidado informal", depende de quién sea la persona que lo presta y de quién sea la que lo recibe.

Así, el cónyuge (normalmente la mujer) realiza las actividades más cercanas a la intimidad de la persona dependiente, definidas como "básicas", tales como asearse, comer, usar el servicio, vestirse, etcétera y, sin embargo, el varón suele realizar actividades como hacer gestiones, administrar el dinero e ir al médico, consideradas actividades instrumentales, según el Instituto.

La realización de estas tareas de atención a las actividades básicas de la vida cotidiana suele ser permanente en un 77 por ciento de los casos y suele estar desprovista de ayudas institucionales y familiares en un 83 por ciento de los mismos.

Por otra parte, en términos del número de puestos creados, el cuidado formal (atención remunerada) se traduciría en más de 145.000 puestos de trabajo, mientras que el informal supondría una cifra superior a 1.800.000.

En relación a "quién cuida", el estudio demuestra una alta feminización de quienes ejercen los cuidados, tanto en el cuidado formal como en el informal.

Respecto al cuidado formal, en el análisis de la variable sexo entre los y las profesionales de las principales actividades sanitarias o de servicios sociales relacionados con el cuidado, se constata una amplia mayoría de mujeres, el 73 por ciento y el 85 por ciento, respectivamente, cuya edad es de entre 20 y 30 años, soltera y sin hijos, y en una mayoría de casos, diplomada en enfermería.

En cuanto a los cuidadores remunerados pero no profesionales, su perfil medio sería el de una mujer inmigrante, de entre 30 y 40 años, soltera, sin hijos, al menos en España, y con un nivel de estudios medio, según el análisis llevado a cabo por el Instituto de la Mujer.

En lo que se refiere a los cuidados de tipo informal, el estudio revela que quienes más los ejercen son mujeres, un 83,6 por ciento, generalmente hijas o cónyuges de la persona cuidada, con una edad que ronda los 50 años, cuyo perfil suele coincidir con el de una mujer casada, con hijos, con estudios de primaria y sin trabajo remunerado.

La directora del Instituto de la Mujer recordó la necesidad de que las administraciones públicas "atiendan a las personas que no se valen por sí mismas" y que esas mismas y los profesionales se encarguen de llevar a cabo ese cuidado informal.

El estudio pone de manifiesto, según recordó Peris, que el cuidado está principalmente en manos de féminas y a ello se añade que son también mayoría las mujeres cuidadas, sobre todo referido a personas mayores. Además revela el "alto valor económico" que alcanza la actividad de cuidado informal y, por lo tanto, sus repercusiones como fuente de creación de riqueza y de empleo en las sociedades avanzadas.

Por último, subraya la necesidad de promover cambios en el actual sistema de atención a los cuidados de personas dependientes, puesto que los datos permiten desplazar el foco de atención desde lo privado a lo público y hacen recomendable una reflexión social.