Santa Cruz de Tenerife
E. DOMÍNGUEZ

Diálogos de verano (III)

29/jul/08 7:06 AM
Edición impresa

OLVIDADOS ya de los mensajes políticos, hoy vamos a comentar algunas cosas de nuestros mayores. Anécdotas y comentarios hay un montón, y es bueno y sano recordar algunos. Y tal como nos lo contaron se los transmito a nuestros lectores.

Hasta nosotros han llegado algunos temas curiosos sobre personajes como don Pepe "el majapapas" y las alegres discusiones que este personaje tuvo con su amigo Antonio "el fontanero", en tiempos ya muy lejanos de 1927, cuando los carros tirados por modestos caballos tenían su obligada parada frente al convento de San Agustín. Sólo me falta saber si en esta época ¿se celebraban las fiestas del Carmen? Don Pepe, que frecuentaba el nunca olvidado "banco redondo", vivía entre los dos municipios: Realejo Alto y Realejo Bajo, y su cama daba hacia el barranco, pero lo que de verdad le dolía era que, cuando dormía, su cabeza estaba en tierras del municipio de Arriba, y sus pies en el de Abajo, cuestión por la que discutía a diario con su amigo Antonio "el fontanero". Eran tales los "guarrinches" que cogían entre uno y el otro, que, para olvidar tanta disputa, acudían a la bodega del puente a jincarse unos vasos de vino y un plato de chochos.

Ellos, que practicaban muy bien los santiguados, no querían saber nada de los curas, pero a su vez, su Virgen del Carmen no había quien se las tocara; y las disputadas sanas con los pescadores del Puerto de la Cruz en cada "Octava del Carmen" los llevaba a extremos nada ortodoxos, aunque reconocían la tradición marinera, añoraban sus viejas costumbres como nadie y discutían una y otra vez de que a su Virgen sólo la podían sacar en procesión los realejeros de Abajo.

Pepe "el majapapas", alto él y de fuerte complexión, ya no sólo alegraba el ambiente las tardes del verano del "banco redondo" de la plaza de San Agustín, sino que además, metiéndose en los patios del convento, quiso trepar en la palmera (aquí tampoco sabemos el año), y uno de los presentes se dio cuenta de la presencia de un forastero en el patio, e impidió que aquel hombre se saliera con la suya, y tuvo que salir a toda pastilla para evitar que le cayeran encima.

El otro personaje, Antonio "el fontanero", era más comedido; vivió en la Rambla y más tarde en La Carrera. Hombre que poseía buenas huertas con aguas propias, aunque no era un "terrateniente", se dejaba ver por San Agustín con bastante frecuencia, siendo además amigo de Pepito "el rubio", de don Marcos "el viejo", y hasta del farmacéutico de la esquina.

Una tarde, mientras jugaban una partida a la baraja sobre una mesa improvisada, y después de querer hacer una trampa a los contrarios para que no le ganaran el envite, tuvo que tragarse una carta que partió en dos pedazos, con el fin de que no descubrieran su pillada, y fue tanto el dolor que sintió al bajar un trozo de la carta por la garganta, que abandonó muy disimuladamente la partida y se fue al médico Estrada para que se la sustrajera. Enterado Pepe "el majapapas" de lo sucedido, acudió a la capilla del convento para pedirle a la Virgen del Carmen que protegiera a su amigo; le llevó un ramo de dalias que había recogido en Rambla de Castro y se las puso al pie de la Virgen. Ante Ella, se quitó el sombrero negro que llevaba y le juró a la Virgen que nunca más volvería a jugar con su amigo a las cartas, pues se había llevado un gran disgusto.

Antonio mejoró de aquel susto y de su comportamiento, pero nunca dejaron de acudir a la fiesta del Carmen, llevar sobre sus hombros a la sagrada imagen y acudir a sus cultos. Lo que sí duraron fueron las revanchas sanas con los pescadores y, al final, todos juntos se iban a los ventorrillos a degustar la buena carta de cochino y los vinos blancos crusanteros, pues era el día grande de las fiestas y no se podía dejar de celebrar la "octava" entre vasitos de vino y la buena carta en adobo.

Estas y otras anécdotas las hay entre estos dos personajes. Hoy hemos tomado como "primicia" la presente. Y personajes relacionados con los conventos y la devoción al Carmen hay un sinfín. También existen buenas e interesantes crónicas sobre las monjas y los frailes agustinos, pero habrá que rebuscar mucho en los viejos baúles si es que quedan algunos manuscritos de aquellos años. Una difícil tarea de realizar, porque nos fallan las fuentes orales más importantes; don Andrés Toste (el viejo) era una de esas fuentes más cristalinas que tantas anécdotas contaba y de todo tipo.

Es ésta una anécdota muy importante, y tal como me la confirmaron la he redactado, cuestión que no dudamos ni ponemos en tela de juicio y que nos parece muy interesante, pues el popular banco "redondo" dio lugar a muchos comentarios de la vida cotidiana en los dos Realejos, y era el lugar de encuentros de muchas generaciones. Sobre todo de hombres, a la sombra de las viejas paredes del convento de San Andrés y Santa Mónica, más conocido popularmente por el convento de San Agustín, donde estaba ubicado el Ayuntamiento del Realejo Bajo.

¡Qué lástima que el mismo pueblo vaya perdiendo su propia memoria! La que protagonizaron junto al banco redondo tantos fieles devotos de Nuestra Señora del Camen.