EFE, París
La última etapa del Tour de Francia siempre está dedicada al "emperador" de la ronda francesa. Y esta vez no fue para menos. Se vivió todo un despliegue de buen rollo en el pelotón, que dedicó todo tipo de gestos amables al campeón español. No faltaron las fotos junto al maillot amarillo, el brindis con champán y sobre todo las charlas distendidas.
La victoria en París se cotiza alto, solo hay que ver el palmarés lleno de esprinters ilustres. De manera que tocó trabajar duro. Iván Gutiérrez y Xavier Florencio pusieron el pelotón en fila, luego Carlos Barredo y el francés Vogondy, pero siempre bajo control de los equipos interesados en la llegada masiva.
El Quick Step, en el último suspiro, justificó su presencia en el Tour con la victoria del belga Geert Steegman, de 27 años, quien ya estrenó su palmarés en la carrera el año pasado en Gante, cerca de su casa.
Steegmans -ganó el año pasado una etapa del Tour en Gante, por delante de Tom Boonen- dejará el próximo año la formación belga, en busca de más oportunidades y de más dinero, en el nuevo equipo ruso, Katiusha.
La segunda plaza fue para el alemán Gerald Ciolek y la tercera para Óscar Freire, al que le faltaron fuerzas para echar la rúbrica de oro.
El vencedor de la clasificación de la regularidad comentó en la llegada que "no tenía fuerzas para meterme en el esprint. Lo he intentado, pero no he podido. Steegmans salió rápido, cogió la buena posición y apretó para conseguir la meritoria victoria en París", indicó el tres veces campeón del mundo.
En el capitulo de anécdotas se produjo un hecho curioso. Al alemán Jens Voigt, del CSC, se le rompió el sillín a dos kilómetros de meta y hubo de ir de pie, sobre sus pedales, hasta la meta.
El Tour 2008 había finalizado. Y lo hizo con alegría española.
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