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Vida y muerte

El lagunero ex convento de Santo Domingo recibe hasta el 16 de septiembre una retrospectiva de la obra del pintor danés Arne Hausen Sorensen, comisariada por Federico Castro, fruto de un acuerdo puntual entre el CAAM de Las Palmas y el Ayuntamiento de La Laguna que tiene vocación de continuidad.
28/jul/08 06:56
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BENJAMÍN REYES, Tenerife

La sala de exposiciones del ex convento de San Antonio de La Laguna alberga entre sus paredes, hasta el 16 de septiembre, una antología de cuarenta y nueve obras ejecutadas sobre óleo y papel del pintor danés Arne Haugen Sorensen (Copenhague, 1932), la mayoría concebidas en su estudio de Andalucía entre 1974 y 2008.

La retrospectiva está presidida por la siguiente sentencia: "Cuando el orden natural se rompió, la lucha por la supervivencia avivó la bestia que el hombre llevaba en su interior y se sintió víctima y, a la vez, verdugo en un mundo crítico. Tras la expulsión del Paraíso Terrenal, el hombre, a imitación de los dioses, intenta confrontarse a través del amor. Pero incluso cuando alcanza el clímax amoroso y llega a la tranquilidad, de inmediato reanuda la búsqueda".

Con esta declaración de intenciones, Sorensen se vuelca en los grandes temas existenciales indagando sobre la atemporalidad de estos asuntos. Pinta el amor y la muerte como reflejo de su propia inquietud vital, convencido de que la muerte es vida y que puede ser una parte armónica de nuestra existencia.

"La concepción que tiene Sorensen del placer en la vida está asociado al presentimiento de la muerte, y cuando trata el tema de la herida como una metáfora de la existencia muestra con todo su color de vida la amenaza de la muerte", comenta Federico Castro, comisario de la muestra y director del CAAM de Las Palmas de Gran Canaria.

Sorensen retrata los mismos temas desde hace veinticinco años: fieras, centauros, amazonas, Ledas, sátiros, ninfas, temas bíblicos y la Pasión de Cristo. Llegado a su madurez creativa, a sus 75 años el pintor nórdico investiga y redescubre sus propias huellas pictóricas.

"Más que una obsesión es una insistencia sobre los temas que a él le preocupan en su vida cotidiana y los aborda desde el convencimiento de que la historia de la literatura, de las religiones y del arte han aportado temas que siguen siendo útiles al hombre de hoy para reflexionar sobre las preocupaciones de siempre", especifica Castro.

Su obra se sitúa en la frontera entre la figuración y la abstracción, inclinándose por una u otra tendencia en determinadas ocasiones. "Realmente es muy interesante su forma de trabajo. Un mismo tema puede afrontarlo en sucesivas ocasiones a lo largo de décadas. Sorensen sitúa más de veinte lienzos en su estudio con temas diferentes, y según su estado de ánimo acomete unos temas u otros. Esa pulsión en el trabajo le permite ser en unas ocasiones más abstracto y en otras más detallista. Por lo general, cuando un tema lo aborda muchas veces llega a una síntesis que le permite, con un simple trazo, sintetizar la forma casi hasta la abstracción", puntualiza.

Este contrapunto se puede observar en "Centauro con amazona" (2008), en la que refleja diáfanamente una amazonas empalando a un centauro; mientras que "Fandango doloroso" (1986) plasma un amasijo de formas informes polícromas, en el que a medida que uno se aleja comienzan a revelarse formas reconocibles como el cuerpo de un hombre en actitud de caminar.

A pesar de lo oscuro de los temas que aborda, sus pinturas están impregnadas de explosión cromática. "Entre otras cuestiones, Sorensen es un hombre apasionado y vitalista, que emprende con gran fuerza cualquier situación de la vida, y esto queda reflejado en su obra. Entiende que el color es el aspecto generador de la expresión".

La Pasión de Cristo

En las escenas bíblicas, sobre todo en el sacrificio de Isaac y la Pasión de Cristo, su pintura revela que la muerte es una puerta a nueva vida. Especialmente llamativas son las escenas de la crucifixión de Jesucristo. En unas, Cristo aparece crucificado sin cruz y flanqueado por crucificados con extremidades mutiladas, mientras en otras lo muestra con un gran miembro viril, secundado de dos condenados a muerte que aparecen como simples garabatos. Cuando se le pregunta a Castro si la pintura del pintor danés es sacrílega responde: "No, en absoluto, pero tampoco es un gesto de beatería. Él trata estas composiciones del mismo modo que se acerca a la mitología o la poesía de Federico García Lorca".

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