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COMENTARIO DE EL DÍA

Simples mercaderes desvergonzados

28/jul/08 06:55
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NUESTROS POLÍTICOS han convertido la gestión de los asuntos públicos en una apestosa almoneda. Sin el menor pudor, pactan lo que les conviene a espaldas del pueblo. Les traen completamente sin cuidado los problemas de los ciudadanos a los que prometen defender cuando, con un increíble descaro, les piden los votos que necesitan para llegar o perpetuarse en las poltronas. El espectáculo ofrecido durante las dos últimas semanas por numerosos concejales impúdicos, que han impuesto cambios de alcaldía en algunos ayuntamientos del Archipiélago, constituye el mejor ejemplo de cuanto decimos.

No obstante, el gran templo de la desvergüenza política de este Archipiélago es, sin la menor duda, el Parlamento de Canarias. "Sus señorías" -qué cinismo llamarse a sí mismos señorías-, mostrando una vez más que los problemas de la gente son para ellos asuntos secundarios, se incrementaron sus sueldos un diez por ciento en plena crisis. Mientras el número de desempleados asciende hasta cifras que no se conocían desde hace muchos años, mientras los empresarios claman ayudas a la Administración para no tener que cerrar sus negocios y aumentar el número de desocupados, mientras los bancos niegan unos créditos que antes concedían tan generosamente, mientras miles y miles de familias canarias ven peligrar sus viviendas -lo único que poseen- por no poder pagar las cuotas de las hipotecas, mientras en todas las instituciones públicas se habla de congelar sueldos y plantillas para hacer frente a una depresión económica que afecta a todo el planeta, los diputados y diputadas canarios se aumentan el sueldo un diez por ciento.

A lo largo de los meses transcurridos desde que el Parlamento autonómico adoptó esta infame decisión por unanimidad, hemos tenido la esperanza de que rectificaran. Hubiese sido un gesto digno de quienes, lo repetimos, le piden al pueblo sus votos para defenderlo, manifestar públicamente que se equivocaron al tomar esta abusiva medida. Acto seguido, deberían haber restituido sus sueldos al nivel en el que estaban antes de la subida -lo cual les supone cobrar bastante más de lo que perciben la mayoría de los trabajadores canarios- y, como gesto final de arrepentimiento, donar a instituciones benéficas las cantidades adicionales que se han embolsado tras la subida.

Lejos de cualquier rectificación honrosa, "sus señorías" guardan silencio. Empezando por el presidente de la institución, Antonio Castro. Una hombre generoso consigo mismo -eso ha quedado patente en el asunto de los sueldos- y con Canaria, pero nunca con Tenerife; una isla a la que perjudicó en su etapa al frente de la Consejería de Infraestructuras, Vivienda y Aguas. No obstante, debemos reconocerle a Castro Cordobez el decoro de permanecer callado. No es el caso de la vicepresidenta primera del Parlamento, Cristina Tavío, que encima ha tenido la desfachatez de justificar la felonía del aumento salarial.

De la misma forma que Cristo echó a latigazos a los mercaderes del templo, alguien debería echar a patadas a todos estos golfos políticos del Parlamento de Canarias. Las Islas necesitan personas nuevas que barran la podredumbre actual, y nos proporcionen la ansiada soberanía.

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