NO SÉ A USTEDES, pero suena mal. Suena a peninsular, peninsular. Comprendo que casi todas las expresiones verbales que usamos por aquí han venido de allí; será porque entre otras cosas hablamos castellano, pero a estas alturas hay unas que inconscientemente aceptamos y encajan perfectamente y otras, que por lo que sea y por lo menos a mí, me resultan intragables. Sin pretender caer en la horterada, chuches vienen siendo golosinas, caramelos, machangadas, boberías o hasta si quieren, mercorchas. Lo de molar evoca a escachar gofio y, traduciéndolo, sería tanto como "gustar" o "encantar". Buscando el equivalente a la frase de "me molan las chuches", podría ser "me encantan las golosinas". Una cosa que no produzca el rechazo sonoro en repelencia que me parece produce esta construcción. Hay también bastantes nombres propios, expresiones y palabras, que nos recuerdan con frecuencia la distancia.
En muchos términos, lenguajes, vocablos, expresiones y acentuaciones, nos separa el mismo idioma y aun en las versiones más cultas y trabajadas de la canariedad, sin tampoco rondar el populismo verbal, las diferencias son marcadas y profundas.
En la Península hay tópicos muy interiorizados, como los toros, el flamenco, el mediterraneo, la casera que en este Archipiélago atlántico pueden gustar más o menos, conste que no cuestiono los gustos privados, pero que no forman parte de la idiosincrasia local. No pegan, se pongan como se pongan. En Catalunya, por ejemplo, la rumba catalana y el tipo de sentimiento "flamencoide" se han convertido en parte del "molar" del tejido expresivo y sentimental de determinadas capas sociales, que, en una versión histórica u otra, componen un territorio ibérico disgregado del reino de Aragón. Al fin y al cabo, las comunidades peninsulares limitan entre sí, a excepción de Baleares, Ceuta y Melilla, con sus condicionantes particulares y a "tiro piedra", y forman parte de un bloque de tierra muy comunicado. Con flujos y reflujos de pálpitos e intereses. Hoy me voy a Miranda del Ebro y mañana a la Ribera del Duero.
Cambio de tercio. Hemos recreado en el fin de semana pasado el rechazo al intento de la flota británica de D. Horacio, hace 211 años, por conquistar la isla más grande del Archipiélago. Venían decididos los casacas rojas. Los hemos visto atacar con sus fusiles de asalto en el Castillo Negro, con los cañones y los barcos lanzando fuego. Era un intento con viabilidad y oportunismo histórico. El punto en el mapa era estratégico para su Imperio. Muy apetecible a sus intereses y conveniente para la estructura de las nuevas colonias británicas. Lo hubieran mantenido, porque también políticamente podían hacerlo con solvencia. Los ingleses lo habían intentado otras veces, y en esta ocasión fue el guiri Nelson quien se mandó a mudar con el rabo entre las piernas, manco de un brazo y parte del "body". La verdad es que, por suerte o por desgracia, nunca a Tenerife llegó nadie con ánimos de conquista, que, por lo menos una vez, no se hubiera tenido que mandar a mudar con las patas por delante. De todos modos, eso es historia. Muy orgullosos del pasado, pero, en este comentario, el muerto al hoyo y el vivo al bollo.
Para lo de las golosinas hablo únicamente de presente. Sólo del presente del lunes 28/07/08 . Digo que en muestras tan simples como la de "molar chuches" se identifica una digestión actual "no igual" "ni igualable", que además es lógica, por la tremenda distancia y distinta ubicación del tornillo. No es que nadie tenga nada contra nadie, pero un camello es un camello y un toro es un toro, y no se le ocurra lidiar a un camello porque la cosa no sale.
Supongamos por un momento que los ingleses hubieran conseguido conquistar las Islas. Hoy en día, aparte de no hablar cristiano, ¿alguien mantendría que esto es Inglaterra?
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