CAIUS APICIUS
UNA DE LAS IMÁGENES más coloristas que guardo de mi ya lejano primer viaje a Roma es el de los puestos de sandías, al caer la tarde, en las calles del Trastévere. Cortadas al medio, o en grandes gajos, ofrecían un apetitoso color rojo vivo a los ojos de los transeúntes; era agosto, el "ferragosto" romano, y, efectivamente, el de la sandía abierta es uno de los colores más clásicos del verano.
SAN SEBASTIÁN