Sucesos
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
Adquirir en formato PDF o consultar portada gratis
LO ÚLTIMO:

Historia de una camioneta maldita

Un año después del crimen de Fabiola, la Guardia Civil reconoce que la descripción del vehículo del asesino y la colaboración ciudadana fueron claves para esclarecer el caso en muy pocos días.
26/jul/08 07:40
Compartir
Edición impresa .

PEDRO FUMERO, Tenerife

Mohamed llevaba dos bolsas en la mano y caminaba despacio entre fincas de plataneras próximas al barrio de la Estrella del Sur. Era poco antes de las 21:30 horas. De repente, de una curva salió un vehículo a toda velocidad y con las luces encendidas. Se dirige hacia él, pero, de pronto, hace una maniobra brusca y entra en una pista de tierra. Era una camioneta todoterreno americana y oyó que alguien pedía auxilio del interior con voz desesperada, aunque no podía precisar si era de hombre, de mujer, de joven o viejo. Mohamed perdió de vista la furgoneta, pero hizo lo correcto. Inmediatamente cogió su móvil y llamó al 112 para contar lo que había visto, que le pareció demasiado extraño.

Sin querer, acababa de ser testigo de uno de los capítulos más sobrecogedores de la historia negra del Sur de la Isla en los últimos años. Mohamed aún no habla claramente español. No se sabe exactamente si por esta razón, o porque no le entendieron bien el mensaje, o porque ninguna persona figuraba como desaparecida hasta entonces; lo cierto es que su aviso quedó guardado, como uno de los miles que pueden llegar cada día a la sala operativa.

Fernanda Fabiola Urzúa Marín, una menor chilena de 15 años, moriría a golpes de piedra poco después en un descampado junto a la carretera que une las rotondas de El Palmar y Guargacho. Pero antes de llegar allí dejó rastros de su tragedia. El primero: una chola negra en el lugar donde el conductor de la camioneta americana, el colombiano Héctor Fabio Franco Giraldo, la raptó en el Camino de Don Virgilio, la pista de tierra entre El Fraile y Ten-Bel. El segundo: un cinturón en la carretera entre El Fraile y la rotonda de El Palmar, encontrado la tarde del día 27 por una mujer que participaba en la búsqueda a pie.

Y esos indicios fueron aprovechados al máximo por los investigadores de la Policía Judicial de la Guardia Civil, tanto del equipo de Playa de las Américas y de Santa Cruz de Tenerife, como por los especialistas de la Unidad Central Operativa (UCO) de Madrid o el Equipo de Crimen Organizado (ECO) de Canarias, que comenzaron su trabajo a la mañana siguiente. En total, casi cuarenta agentes de paisano que hicieron las más diversas tareas de forma coordinada. No se descartó ninguna hipótesis. Alguien dijo haber visto a la chica en Cádiz y ni siquiera esa alternativa se desatendió.

Un sargento de la Comandancia Provincial, en su afán de recopilar cualquier dato interesante de lo que hubiese ocurrido en Arona, San Miguel o Adeje esa noche, buscó en las llamadas recibidas por el 112 el 26 de julio.

Y rescató una alerta singular. La llamada de Mohamed (un nombre figurado). El lugar desde el que hizo el aviso estaba muy cerca de donde desapareció Fabiola, como máximo a un kilómetro y medio en coche y, además, coincidía con la franja horaria en que la familia de la menor sudamericana perdió su rastro. El mando de la guardia civil, con 25 años de servicio a las espaldas, anotó el móvil y llamó a Mohamed, quien le relató mejor lo que había visto y hasta se hizo una reconstrucción de los hechos en el lugar exacto donde el magrebí vio la camioneta. Y se probó que, a la distancia existente entre el todoterreno y el hombre, era posible escuchar una voz pidiendo ayuda.

Este sargento señala que en cualquier investigación hay que trabajar a conciencia, sin dejar "hilos sueltos". Pero en el éxito siempre hay un "poquito" del factor "suerte". Y en las múltiples y enrevesadas pistas, calles y carreteras que rodean El Fraile, esa suerte se aprovechó muy bien.

Si hubo una clave para buscar al sospechoso, ésa fue el todoterreno Dodge azul, con una estética propia de las telenovelas sudamericanas o las series sobre la "Norteamérica profunda". Sin olvidar la colaboración ciudadana. Algunos datos importantísimos sobre el vehículo los ofreció un sudamericano.

El sospechoso vivía en El Fraile, raptó con claros fines sexuales a la quinceañera a un kilómetro de su casa y la enterró apenas a dos kilómetros al Norte. Todo empezaba a encajar. Las cámaras de vigilancia de una empresa grabaron que esa misma camioneta salió "de forma precipitada" del Camino de Don Virgilio a la hora en la que ocurrieron los hechos. Y al titular de ese vehículo le constaba una detención en 2002 por parte del Cuerpo Nacional de Policía en el Sur de Tenerife por la violación de una mujer adulta en Las Américas. A pesar de que algún dato de la identidad no coincidía, la foto era la misma. Cuando mató a la menor chilena, Héctor Fabio todavía seguía encausado por dicha agresión sexual, iba al juzgado a firmar cada 15 días al Palacio de Justicia de Arona y todavía no había sido juzgado. A pesar de todos esos indicios, en los primeros días la prioridad no era encerrar a Héctor. El objetivo principal era saber dónde estaba Fabiola. Por eso se le hizo al colombiano un seguimiento, día a día, minuto a minuto, segundo a segundo. En esas jornadas de calor infernal, la vida del asesino se reducía a acudir al trabajo y a su casa. Dejó de ir a los bares y tener "vida social". A pesar de que cuidaba su todoterreno con esmero, no se acercó a él en ningún momento, ni siquiera para cambiar las dos ruedas pinchadas que tenía. Las intervenciones telefónicas no sirvieron para hallar algún movimiento que lo delatara.

 Última hora:

 Últimas galerías:

PUBLICIDAD

Cargando...

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Portada > Sucesos

© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD

eldia.es Dirección web de la noticia: