CON APENAS OCHO AÑOS, digamos nueve, sabía yo en qué consiste el yeísmo. Me apresuro a aclarar que no lo considero mérito mío, sino de mi profesora de entonces, doña Carmen Labrador, en cuya academia privada, a la que asistíamos más de 100 alumnos (a distintas horas, claro está) ninguno se podía permitir el lujo de ser yeísta. También les debo parte de este conocimiento a los niños de la zona capitalina que veraneaban en Garachico y que eran consumados yeístas sin excepción. Muchos de estos chicos pasaron por la academia de doña Carmen en las inevitables clases de verano, hoy llamadas de recuperación, y tuvieron que sufrir (es un modo de expresarme) la insistencia inmisericorde de la profesora para ver el modo de que los chicos dijeran gallo en lugar de gayo, y calle en lugar de caye. Alguno no pudo corregirse porque fisiológicamente les resultó imposible: no sabían cómo colocar los labios, la lengua y los dientes para que brotara la elle en lugar de la ye.
Lamento muy de veras que el 50% de los niños y jóvenes de mi pueblo sean hoy yeístas. No sé si por problemas fisiológicos o porque doña Carmen se nos fue para siempre (como también parece haberse ido para siempre la lápida que en la fachada de su casa habíamos colocado un día sus ex alumnos y que nadie, absolutamente nadie, sabe adónde habrá ido a parar. ¡Agradecidos que somos!)
He sacado a relucir todo cuanto antecede porque, entre mis ignorancias, debo incluir el hecho de que yo no supiera hasta ahora que el yeísmo no consiste solamente en colocar una ye donde debe colocarse una elle. Parece ser que se llama también yeísmo al caso contrario. Es decir: colocar en la escritura una elle donde debería colocarse una ye. Lo lógico, en este caso, sería que la Academia dijera que el yeísmo consiste en confundir ambas letras. Pero no lo dice así en el DRAE, sino de otra manera: "Pronunciación de la elle como ye; p. Ej. diciendo gayina, por gallina; poyo por pollo". Y no se dice más.
Si ustedes me han seguido hasta aquí (no estoy muy seguro) aprovecharé el momento para decirles que si leyeron la prensa diaria el pasado día 9 de julio habrán observado que, en uno de los diarios y con gruesos caracteres, puede leerse esta frase: "Santamaría lamenta que CC se halla "cargado" la oferta turística relacionada con el ocio nocturno". (Las comillas en el participio pasivo "cargado" están en el original; no figuran, en cambio en el auxiliar halla. ¿Ven ustedes cómo sustituir la ye por la elle no es lo mismo que sustituir la elle por la ye?
Y no sólo es el DRAE el que se ha expresado como lo ha hecho. En el Panhispánico, editado también por la Academia, se lee lo mismo, pero se trata el asunto con más amplitud. Vamos a verlo:
"Consiste en pronunciar como /y/, en sus distintas variedades regionales, el dígrafo ll : [kabáyo] por caballo, [yéno] por lleno. El yeísmo está extendido en amplias zonas de España y de América y, aunque quedan aún lugares en que pervive la distinción en la pronunciación de elle y ye, es prácticamente general entre los jóvenes, incluso entre los de regiones tradicionalmente distinguidoras. Su presencia en amplias zonas, así como su creciente expansión, hacen del yeísmo un fenómeno aceptado en la norma culta".
Todo lo entrecomillado está transcrito literalmente del Panhispánico, donde no se hace referencia a la escritura, sino a la pronunciación.
Por si las moscas, busqué la palabra lleísmo; pero no se asusten ustedes: no está. Así que cuando una persona joven me dice "Tengo un precioso poyo en mi casa", no sé si es de mármol y granito o si tiene pico y está cubierto de plumas. Este es el panorama actual. No se pueden colocar barreras al progreso. El mundo va siempre hacia delante. Aunque a mí, que soy un anticuado, sólo se me ocurra decir: ¡Si doña Carmen levantara la cabeza!
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