ES UN TEMA que he dudado si exponer, porque cuando uno se mete en materia religiosa, sobre todo con esta forma de ver hoy la religión, sin ni siquiera un elemental respeto sino, contrariamente, mostrando una mínima falta de respeto a quienes enseñan, sostienen y propagan la religión, hay que tener sumo cuidado en no dejarse llevar, con engaños y con falsos razonamientos, al terreno que siempre es el de la política, que ahí es donde pretenden llevarnos. Naturalmente, esa forma de actuar, que tiene una clara meta, ya es, si no una lucha, sí una escaramuza que se poduce entre la política y la religión. No hace mucho, la manifestación que cientos de miles de católicos celebraron simplemente, a favor de la religión católica en Madrid, no debía ni llamar la atención porque siempre la religión católica, en grande y en pequeño y sin necesidad de explicarlo, practica, dentro y fuera de fiestas un culto que nunca se interrumpe. Esa es simple práctica de la Iglesia: desenvolver su quehacer nace dentro de la religión. Como se recordará, la intervención del propio Papa desde Roma, y de destacados miembros de la Conferencia Espiscopal, dieron un carácter más importante y más solemne a la manifestación y fue carne de polémica, pero no muy vigorosa, porque, aunque la jornada fue espectacular, no tenía nada que rascar en el terreno polémico.
Mi pregunta en el título de este comentario, aunque en el terreno religioso no va, exactamente, por el mismo camino.
Me refiero ahora a la devoción del pueblo, que da lugar a masivas manifestaciones de fervor religioso. Por ejemplo, las recientes manifestaciones de fervor a la imagen de la Virgen del Carmen, en Santa Cruz y, especialmente, en el Puerto de la Cruz, donde el gentío en embarcaciones llenó el puerto y las calles de la ciudad. Semanas antes, comentaba desde esta columna, que el Puerto de la Cruz celebró el tradicional baño marítimo para "purificar" las cabras y hubo también otra manifestación religiosa de gran gentío. Y fue el pueblo, aunque nadie le pidió que fuera, por pura devocación a las imágenes. Se daba la circunstancia de que una o dos semanas antes, el ayuntamiento y otros colectivos de la ciudad celebraron públicamente la Semana de Cine sobre homosexuales y lesbianas con cintas que califiqué de llamar a la descomposición moral y la perversión. Pero a los devotos de la Virgen del Carmen ni les fue ni les vino estos aberrantes espectáculos.
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