DE TAL GUISA calificaba, el pasado 18 de julio de 2008, nuestro ínclito presidente del Gobierno de Canarias la demanda de homologación salarial de los docentes no universitarios de esta por tanto tiempo desgobernada comunidad. Decía el Sr. Rivero con rotundidad: "No habrá homologación salarial del profesorado no universitario canario porque es una inmoralidad". Decía el ínclito, además, que en épocas de crisis económica es la parte más frágil de la sociedad la que peor las afronta, mientras que los funcionarios no sufren estas consecuencias porque, entre otras cosas, tienen asegurado su trabajo. ¡Así, con un par de?! Sin descomponerse.
Aprovechó el ínclito a recomendar a los docentes que no se dejen arrastrar por un grupo de sindicatos cuyo objetivo es acorralar al Gobierno de Canarias, y que lo que han de hacer los docentes es trabajar en la mejora del sistema educativo con los incentivos que ha propuesto el Ejecutivo autónomo. Tengo para mí que el ínclito presidente del Gobierno de Canarias no se ha dignado leer, mucho menos estudiar, la propuesta que para la mejora de la calidad educativa le hicieron los docentes a través de ese "grupo de sindicatos cuyo objeto es acorralar al Gobierno". Tengo en mi poder la propuesta de estos sindicatos al Ejecutivo y la propuesta del Ejecutivo a los docentes (eso que el ínclito propone "con los incentivos correspondientes"). Ni punto de comparación. La propuesta de los docentes está hecha con rigurosidad. La propuesta del Ejecutivo es una chafalmejada.
Entrando en el calificativo vertido por el ínclito presidente, me hace pensar si se ve la cara cuando se mira al espejo o se le ha caído al suelo. ¿Por qué es una inmoralidad? Los docentes llevan con esa reclamación desde mucho antes de que el Gobierno de Canarias y el de España pensaran en crisis económica alguna, ni aún en "desaceleración". Inmoralidad es aplicar aquel término, en este momento de crisis, a una demanda que venía de largo. Inmoralidad será todo lo actuado por la Sra. consejera de ¿Educación?, y por extensión el Sr. presidente que es quien la mantiene en el puesto y la defiende. Inmoralidad es tratar de menoscabar la enseñanza pública a favor de la concertada para, simplemente, eludir o difuminar responsabilidades de gestión. Inmoralidad es la importante subida de sueldos de la ralea política cuando se sabía que al menos estábamos en "turbulencias económicas". Inmoralidad es la gestión de las listas de espera en el Servicio Canario de Salud y de las que la consejera de la cosa pretende presumir de haberlas reducido, y a quien este usuario del sistema le dice que es, simplemente, mentira. Consejera también protegida por el ínclito. Inmoralidad, en fin, la de toda esa ralea de políticos que han hecho de la política una forma de vivir y estar en la sociedad.
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