... Parece que al fin el Gobierno de Zapatero está dispuesto a admitir y, sobre todo a hacerlo en público, que España está sumida en una crisis económica. Ha tardado mucho el vicepresidente segundo y ministro de Economía y Hacienda en reconocer lo evidente. Tal vez amenazado por su jefe de filas, que prefiere distraer a los ciudadanos con otras cuestiones. Ni siquiera los éxitos en materia terrorista van a tapar lo mal que lo está haciendo en lo que se refiere al bolsillo de los españoles. Tampoco el donativo de los 400 euros que prometió en la campaña electoral y que han pasado por la cartera como un visto y no visto. Pero siendo todo lo anterior grave, lo peor es que durante más de medio año ha tratado de engañar, tanto él como sus ministros, a los españoles. Todavía está fresco en nuestra memoria el debate que días antes de los últimos comicios mantuvieron Solbes y Pizarro y cómo este último advertía de que era necesario adoptar una serie de medidas con urgencia, pues en caso contrario los españoles lo íbamos a pasar mal. Lo tildaron de catastrofista, por decir la verdad. A otros les tacharon de antipatrióticos por hablar de crisis o alertar de que la economía española acabaría el año creciendo por debajo del 2%. El jueves, el propio Solbes redujo esta cifra al 1,6% y auguró, quizás para curarse en salud, que en 2009 el PIB crecería un 1%.
... Si de verdad tuvieran vergüenza, tanto Solbes como Zapatero deberían mandarse a mudar, pues han demostrado que lo que realmente les mueve no es el interés general de los españoles, sino mantenerse en el poder, pase lo que pase. Si no fuera así, en su momento habrían admitido que la situación era grave y tomado las medidas necesarias para hacer frente a la crisis. No fue así y ahora todos estamos pagando su ineptitud y sus mentiras. También en Canarias sufrimos muchas veces de este mal que aqueja a todo aquel que llega al poder o está a punto de hacerlo. Se olvidan de que su labor no es otra que mejorar la calidad de vida de sus conciudadanos y para eso son elegidos. Si no tienen claro este concepto, lo mejor es que se bajen de ese tren, pues han tomado un camino equivocado. Además, es bueno que de vez en cuando reflexionen -ahora que muchos de ellos tomarán unos días de vacaciones pueden seguir este consejo- en qué es lo que realmente les mueve en su trabajo diario. A lo mejor se dan cuenta de que el poder les ha desbordado de tal manera que lo que en un principio les llevó a presentarse a unas elecciones ya no aparece ni por asomo en sus planteamientos. Y no vale hacer trampas. Piensen en los demás.
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