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LA PALMA, PUEBLO A PUEBLO. NUESTRA GENTE (LXXX)

Matilde Arroyo, la leyenda de los dulces de Los Llanos de Aridane

21/jul/08 09:28
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Visitar La Palma y no detenerse a degustar las almendras y dulces típicos de la Isla es un error que "EL DÍA de ayer" no quería cometer y por eso nos acercamos a una dulcería que a lo largo de sus cincuenta años de vida ha sido testigo de tres generaciones confiteras. Allí nos recibe Nieves Martín Arroyo, hija de la legendaria Matilde Arroyo.

Nieves Martín nace en abril de 1955 en Los Llanos de Aridane, municipio en el que desarrolla toda una vida como confitera, profesión heredada de su madre, Matilde Arroyo. Cuando nuestra protagonista comenzaba a dar sus primeros pasos por la vida, con apenas tres años, sus familia decidió apostar por la pastelería que, generación tras generación, ha sido el sustento económico de los Arroyo.

Matilde Arroyo fundó en 1958 el negocio que hoy regenta Nieves. Desde entonces, las sabrosas tartas y dulces típicos que allí ofrecen han convertido la tienda de Nieves en visita obligada para todo el que acude a La Palma. "Aquí viene gente de todos las Islas, de la Península e incluso del extranjero. El nombre de mi madre es muy conocido en Alemania", comenta Nieves.

Esta palmera ha vivido en primera persona los cambios que la profesión confitera ha experimentado a lo largo de las décadas y asegura que "en la actualidad, el principal problema se encuentra en los elevados precios de la materia prima". Ella recuerda comprar el kilo de almendras a 400 pesetas y "hoy cuesta 12 ?, por no hablar de los 600 ? que vale el saco de avellanas".

El bienmesabe

Cuando uno se aproxima por la calle Benigno Carballo, pasado "El Trocadero", el buen olor a dulces alumbra el camino del visitante. Nieves nos anota que la mayoría de lo que ella vende hoy son recetas heredadas de su madre, "la gran dulcera de la familia".

Aunque reconoce que la gente suele comprar de todo, si se le pregunta por el "producto estrella" del negocio, no duda en mencionar "el bienmesabe de Matilde Arroyo". Nieves recuerda que de niña, cuando se acercaban fiestas o cumpleaños, todos esperaban el bienmesabe de su madre.

Un bienmesabe cuya receta ha sido heredada de generación en generación. "Mi madre la heredó de mi abuela, yo hice lo propio de ella y ahora es mi hija la que aprende la misma receta".

Nieves nos explica detenidamente el proceso de elaboración del bienmesabe, destacando que lo más importante es que la almendra sea palmera o canaria, pues "es lo que le da el sabor diferente al dulce". El primer paso a seguir es guisar, pelar, tostar y moler las almendras, para posteriormente mezclarlo con una masa de huevo y azúcar. Al mismo tiempo, se va preparando un bizcocho que debe quedar muy blando y esponjoso. "Con la masa y el bizcocho hecho se va intercalando una capa de crema y otra de bizcocho bañado en almíbar".

Nuestra protagonista explica que el bienmesabe no requiere mucho tiempo para prepararlo, sino que la mayor parte del mismo se pierde en esperar que enfríe. "Si comenzabas a las ocho, a las dos ya estaba listo el bienmesabe. Cinco horas de trabajo que se pagaban a 1.000 pesetas, lo que costaba un bienmesabe en los ochenta", concluye Nieves.

Rapaduras de leche

Además del bienmesabe, el Príncipe Alberto y otros dulces, en la tienda de Nieves resaltan entre sus productos las rapaduras típicas palmeras. Nieves nos asegura que ahora mismo sólo hace rapaduras de miel y gofio, pero recuerda que años atrás su madre las hacía de coco, almendras, huevo, chocolate, café y leche.

Aunque por cuestión de tiempo ella ha dejado de prepararlas, Nieves asegura que las más gustosas y laboriosas de las rapaduras eran las de leche. "Mi madre dedicaba muchas horas para hacer 20 tarritos de barro porque si hacía más se echaban a perder".

Leche, azúcar, cáscara de limón, fuego y tiempo para remover son los pasos a seguir para la elaboración de las rapaduras de leche. "Se ponen todos éstos ingredientes en un caldero al fuego y se remueve hasta que alcance su punto. Después se aparta del fuego y se continúa agitándolo hasta que cuaje lo suficiente para devolverlo un ratito al fuego. Finalmente se pone en unos tarritos de barro a enfriar y cuando estén preparadas se dedican horas a envolverlas una a una en los papelitos de colores", explica brevemente.

Hoy, nuestra protagonista sigue entregada al oficio de confitera, orgullosa de ser hija de una de las mejores y de ver cómo sus hijos continúan con la zaga. Nosotros el próximo lunes seguiremos en La Palma con otra familia legendaria, Los Monterrey. FUENTE: ANSINA. DOCUMENTACIÓN: JORGE MONTERREY y NATALIA PAIS.

domingo.jorge@canaryinfoweb.com

 

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