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La cremación se impone

Tras dos años en funcionamiento, el único horno crematorio existente en la Isla, situado en el cementerio de Las Manchas, ha realizado 115 incineraciones, una cifra impensable cuando se apostó por la creación de este servicio.
20/jul/08 24:41
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MAIKEL CHACÓN, Los Llanos

Cada vez son más los residentes en La Palma, nativos o extranjeros, que se deciden por la cremación en lugar de un enterramiento convencional, como alternativa a la disposición final del cuerpo humano tras el fallecimiento. Los datos hablan por sí solos. Después de dos años de funcionamiento, el único horno crematorio existente en la Isla, situado en el cementerio municipal de Nuestra Señora de Los Ángeles, en Las Manchas (Los Llanos de Aridane), ha realizado un total de 115 cremaciones, un dato impensable cuando la Administración llanense decidió apostar por la creación de este servicio.

El incremento de las cremaciones, cuyas cifras se han disparado especialmente en los últimos meses, ha permitido a esta corporación consolidar su decisión de invertir en este escenario, reforzando el servicio que se presta a todas las funerarias que lo reclamen, pese a que la rentabilidad, por el momento, sigue siendo ínfima.

En estos momentos se superan ya las cuatro cremaciones al mes, siendo los varones, con casi un 70%, la mayoría de las personas que han contratado este servicio. Además, los residentes españoles suman casi el doble de las incineraciones que se han realizado a personas extranjeras, una estadística que se ha invertido en los últimos meses, ya que cuando comenzó a funcionar el servicio la mayoría de los usuarios no eran nativos.

Sencillo y económico.- Los motivos que han propiciado un aumento de las cremaciones son diversos. Algunas personas prefieren la incineración por razones personales, porque les resulta más atractiva que un entierro tradicional. Las mismas entienden como desagradable la idea de un largo y lento proceso de descomposición, prefiriendo la alternativa de la incineración, puesto que se destruyen los restos inmediatamente. Otros ven la inhumación tradicional como una innecesaria complicación de su proceso funerario, por lo que prefieren la sencillez de la cremación.

Por otra parte, la cremación puede resultar más económica que los servicios de sepultura tradicionales, especialmente si se elige la cremación directa, en la cual el cuerpo es incinerado con la mayor brevedad según las disposiciones legales. No obstante, el coste total variará en función del servicio deseado por el finado y sus familiares. Por ejemplo, la cremación puede tener lugar después de un servicio funerario completo, o del tipo de contenedor elegido.

Otras razones para elegirla se refieren a la posibilidad de esparcir las cenizas sobre una área determinada, eliminando la costosa necesidad de ocupar un espacio dentro de un sepulcro. No obstante, algunas religiones como la católica sugieren el sepulcro o tumba como destino final de las cenizas, lo que añade un gasto extra al proceso. El uso de algunos tipos de nichos, llamados columbarios (palomares), se ha extendido debido a la economía en espacio y a su bajo precio, llegando a costar mucho menos que una cripta o mausoleo.

Un proceso de dos horas.- El crematorio forma parte de un edificio que cuenta con su propia capilla, utilizada por las agencias funerarias. En una sala separada por un cristal de la zona en donde se introduce el féretro en el horno, se permite a los familiares observar el momento. En cualquier caso, a pesar del respeto con el que el difunto es tratado por los operarios que ejecutan la incineración, no deja de tratarse de un proceso industrial, y no suele ser recomendable la observación para personas sensibles.

Esta práctica de deshacer el cuerpo humano quemándolo se desarrolla con un horno especial para este tipo de incineraciones y las utillerías necesarias para el manejo de las cenizas finales. Este aparato industrial es capaz de alcanzar altas temperaturas, que rondan entre los 800 y los 900 grados centígrados (aunque el punto de inicio de la incineración se sitúa sobre los 600 grados), con modificaciones especiales para asegurar la eficiente desintegración del cuerpo en dos horas, con un precalentamiento de 30 minutos.

Todo lo que queda después de que la cremación concluye son fragmentos secos de hueso (en su mayor parte fosfatos de calcio y minerales secundarios). Estos representan aproximadamente el 3% del cuerpo original total. Las cenizas son devueltas dentro de un contenedor, envueltas en un pequeño saco, y pueden ser confinadas en una urna o espolvoreadas en un sitio especial.

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