Tenerife Norte
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ESTEBAN DOMÍNGUEZ

Los Realejos y Ntra. Sra. del Carmen

16/jul/08 01:28
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ES ESTA NUESTRA tierra, la que cada año se viste de fiesta para festejar como se merece a la Madre de Dios en sus muchas y distintas manifestaciones marianas, y que encontramos a lo largo y ancho de nuestro municipio. El Carmen, Los Afligidos, Las Nieves, El Buen Viaje, La Inmaculada, Guadalupe, Las Mercedes...

Por tanto, julio, agosto y septiembre con mayor pujanza nos convoca a celebrar una de las fiestas más esperadas de la época estival: las fiestas en honor a Ntra. Sra. del Carmen, que como cada año, se realizan con total cariño por lo que esta imagen supone para la Villa de Los Realejos. Una devoción, la del Carmelo, que como un drago bajo la tierra, va extendiendo sus raíces, y el fervor que el pueblo siente lo podemos contemplar en cada rincón de este municipio, pues siempre la presencia de la imagen de María da motivos para que el corazón se alegre de su presencia.

Ella, que por siempre será la Bendita entre las Mujeres, tiene su trono y su altar en este lugar norteño y frente al mar, para desde su Pedestal seguir bendiciendo familias, recibiendo niños como cada miércoles y repartiendo sonrisas y piedades a todos aquellos que a su Santuario acudan.

Pero las fiestas del Carmen de Los Realejos revisten una importancia muy especial, dada la fe que muchos devotos del Valle de La Orotava han depositado en esta bella talla mariana desde que llegó al desaparecido convento de los frailes agustinos.

Y si mayo nos abrió las puertas de las tradicionales fiestas a la Santa Cruz, que con tanto orgullo veneramos, y San Isidro Labrador nos convocó a su grandiosa romería multicolor con lo mejor del tipismo regional, julio nos ofrece la oportunidad de vestir a la Villa Realejera de arena de nuestras playas, de sal y yodo, de olas y espumas que besan el acantilado y lo hacen cantar con estruendos naturales que rompen el silencio de cada día junto a la costa.

Julio nos llama a vivir, junto a la Virgen del Carmen, unos días de plena convivencia, de Eucaristía compartida y de fraternidad mutua. Porque no importa la distancia, si la distancia no existe en ella.

Pero que no quepa duda: las fiestas del Carmen han marcado con el paso del tiempo un antes y un después. Todo se ha ceñido en el barrio de San Agustín, lugar que antes nos ofrecía calles adoquinadas, emblemáticas casas civiles y lugares donde fijar la vista: desde sus conventos hasta sus haciendas; calles como la de El Terrero, Toscas de San Agustín, El Puerto o la recoleta plaza de Las Flores y otros lugares que daban un toque de atención a este punto, donde un día se levantó un altar a Ntra. Sra. del Carmen, y ahí está ella, salvada milagrosamente de dos incendios, pero siempre entronizada en el corazón del fiel y buen devoto realejero.

Decía un viejo pregonero que pregonar es recordar muchos acontecimientos pretéritos, y hoy nos acercamos a las fuentes claras de aguas cristalinas de tan excelentes pensadores. Repasamos en el libro grande de la vida, como cada año, julio nos abre las puertas donde se conserva la prensa más afamada del Realejo, que es su Santuario, y dentro de él, en un cobre confeccionado por la fe de sus devotos, la imagen de la Virgen del Carmelo que desde Italia llegó a estas tierras santificadas para ser venerada por toda la comarca de Taoro. Desde el primer momento, hasta nuestros días, ha recibido la veneración de muchos devotos suyos. Así lo quisieron los agustinos, y así se sigue manteniendo esta costumbre, que no debemos arrancar y sí conservar, del corazón de sus devotos.

Los Realejos es pueblo de María sin duda alguna. La Madre de Dios y de todos los hombres es venerada en muchos barrios de nuestro municipio, porque la fe en María mueve montañas, y son muchas las advocaciones marianas las que festejamos cada año. Y lo hacemos conscientes de la fe que profesamos. Todas ellas con el mismo fervor las veneramos, pero julio nos regala a Ntra. Sra. del Carmen y el corazón se nos desborda de gozo y alegría. ¡Algo debe de tener esta talla mariana que nos embelesa a todos!

Promesas, plegarias, rogativas, oraciones... ¡Hay algo en el fondo de nuestro corazón que clama de forma misteriosa por nuestra Virgen del Carmen realejera!

¿Qué tiene nuestra Virgen del Carmen?

Mil respuestas daríamos a esta pregunta, pero dejemos que hable el corazón en la noche mágica de su Octava.

Dejemos que los hombres de la mar, los marinos que en ella ven la luz de las estrellas sientan el clamor de sus pasiones:

Porque no habrá mar sin veleros,

ni puerto sin pescadores.

Ni barcas sin velas blancas,

ni cosechas sin amores.

A ti hombre de la mar,

que de tormentas mil sabes,

cuídame bien esta nave,

no la dejes naufragar.

Porque en ella va el Carmelo,

la que nos ve desde el cielo.

¡A Ella quiero llegar!

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