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DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ

El necesario retorno al esfuerzo

16/jul/08 01:28
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En tiempo de crisis, soluciones inesperadas. Hace unos meses decía Ramón Tamames que la mayoría de los "mileuristas" están condenados a permanecer en su triste condición porque no se forman para ganar más dinero. De manera concreta, el conocido economista comentaba que resulta más rentable realizar un curso adicional por las tardes -si se tienen las tardes libres, claro- que pasar las horas en el bar charlando con los amigos. El resto de los contertulios -Tamames participaba en un programa de radio- casi se lo comen. Pero no sólo ellos: también lo pusieron a caer de un burro varios oyentes que llamaron para expresar su parecer.

Este es sólo un ejemplo de hasta qué punto hemos sustituido la cultura del esfuerzo por el concepto universal del derecho a todo. Los titulados universitarios tienen derecho a ganar algo más de mil euros, aunque también los empleados de los supermercados, las cajeras y el dependiente de la tienda de toda la vida, que ahora se permite tratar con desdén al cliente porque si su patrón lo despide, al día siguiente encuentra trabajo en la que está al lado. Lo malo es que el asunto del trabajo se está poniendo feo.

La cultura del esfuerzo -más bien su carencia- es un asunto tabú para los políticos. Me lo comentaba en privado Milagros Luis Brito. "¿Y por qué no dices en público eso que piensas?", le pregunté. Se encogió de hombros. No sé si en fechas posteriores la consejera de Educación del Gobierno de Canarias se ha referido a la necesidad de arrimar el hombro en pos de uno mismo.

Sí he echado de menos esta referencia a la necesidad del esfuerzo en la rueda de prensa de Paulino Rivero. El presidente nos ha manifestado que aunque no todo va bien, su Gobierno hace lo posible y más. Rivero está convencido de que la Administración autonómica realiza una tarea importante, muchas veces sin que el ciudadano llegue a ser consciente de ella. "Un problema de comunicación", le comenta a sus colaboradores. Puede que sí, aunque la comunicación no basta. Desde luego, dice la verdad el presidente cuando afirma que la cohesión de su Gobierno es total pues, insiste en ello, no existe la mínima fisura en el pacto con el PP. Menos mal. En estos momentos, y a la vista de cómo está el patio, no creo que Paulino Rivero haya pensado en cambiar de socios. Sólo en un estado de locura preocupante podría hacerlo. No por intereses personales respecto a su futuro político, sino porque lo peor que le podría ocurrir a Canarias en estos momentos sería una crisis en el Gobierno regional.

No es eso, empero, lo esencial. A Paulino le ha tocado encabezar una situación muy mala. No es cuestión de ponernos a gritar desesperados, pero tampoco conviene el embuste fácil de que esto pasará pronto. No será así. Aunque todo mal tiene su lado bueno, el vendaval durará lo suficiente para barrer toneladas de ineficiencia. Al final quedará en pie aquel que se haya esforzado en estar a la altura de las circunstancias.

Puesto que el presidente autonómico quiere comunicarse con los ciudadanos más y mejor, me permito sugerirle que nos confiese sin rodeos la más incómoda de todas las verdades: los tiempos fáciles pertenecen al pasado.

rpeyt@yahoo.es

 

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